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30 junio 2014

ANA ROSA A SOTOGRANDE Y PATIÑO AL CONGELADOR

El verano se ha instalado de sopetón y la parrilla televisiva de los próximos meses ya va tomando forma. Con el fin de rellenar huecos a precio de saldo, los responsables de las nacionales han hecho encaje de bolillos para cerrar la programación estival. Un bofetón a mano abierta para la gran Mariló Montero, que después de desmantelar las redes sociales a golpe de culazo en el besamanos real, ha visto cómo su debut en prime time ha sido flor de una noche. La princesa del chascarrillo ha renovado en la mañana pero ha salido por la puerta de atrás a buscar el pueblo más cachondo a otra parte. La otra cara de la moneda podría verse representada por su colega e íntima Ana Rosa Quintana, que celebró diez años en antena organizando un fiestón calé donde se mezclaron el underground de Bibiana Fernández o Mario Vaquerizo con las altas esferas de Vasile, Esperanza Aguirre o Ignacio González. La reina del magazine mañanero ha firmado por tres temporadas más y prepara las maletas para pasear pareo y sombrero de paja por los garitos de Sotogrande. Mientras tanto, le cede el testigo a Sandra Barneda, pluriempleada en Mediaset sine die. Barneda ocupaba este fin de semana la lista de gays y lesbianas más influyentes del panorama patrio y ahoga las penas de su divorcio haciendo doblete con El programa de AR y Hable con ellas, la última chaladura de la factoría Sálvame, que ultima el contrato con la quinta chica del elenco en sustitución de Natalia Millán. Los digitales manejan varios nombres que van de Loles León a Antonia San Juan pasando por Francine Gálvez. Ni rastro de Terelu en las quinielas, compuesta y sin programa desde que María Patiño se hiciese con el premio gordo; presentar el Deluxe durante dos meses. Un acuerdo entre las dos partes para algunos y un castigo maléfico por parte de los jefes para otros. Campos daba la cara esta semana en la inauguración de la terraza del Hotel Óscar, propiedad de Kike Sarasola, y se limitaba a posar en el photocall envasada en un mono color carmín y a torcer el morro ante las preguntas sobre su vuelta. El descanso voluntario de Terelu se le ha vuelto en contra y hay quien dice que su mismísima madre se estaría tirando de los pelos con la noticia y planeando algo parecido a un escrache a las puertas de los despachos telecinqueros. Regrese o no al tajo en septiembre, Terelu tiene carta blanca para boxear a jornada completa, dejarse el tacón en los restaurantes de La Moraleja y chapotear sin medida con José Valenciano, su próximo difunto. Hay otras que se reinventan para salir al paso y se cuelan en el Gay Pride madrileño. Yurena (antes Tamara la mala), Lolita o Rebeca la del duro de pelar se subirán a los escenarios de Chueca tras el pregón de Conchita Wurst, la mujer barbuda que conquistó al mundo en Eurovisión y que desembarca en la capital de la mano de su homónima y nueva mejor amiga, Ruth Lorenzo. Conchita pregonera, Campos sin empleo y sueldo y la Patiño a punto de ir directa al congelador. Como canta la Pantoja, "el fuego está encendido, la leña arde..."

24 junio 2014

LITRONAS Y PLATÓS PARA UN PUEBLO NUEVO


Hace un calor que invita al despatarre absoluto, pero la orden me llama y me dispongo a soltar mis impresiones sobre nuevas reinas, viejas princesas y promesas del faranduleo más cañí. No asistí al acto de Coronación por miedo a un ataque de claustrofobia, aunque ondeé la banderilla a pie del televisor y permanecí ojo avizor a todo lo que dio de sí el día de autos. La jornada transcurrió según lo previsto; los nuevos reyes hicieron el paseíllo descapotados, se asomaron al balcón y presumieron de familia unida. Ante la emoción contenida de Felipe VI, Letizia ejerció de consorte dos pasos atrás de su marido, con la cabeza erguida y el monedero sobre las rodillas. En contra del protocolo estilístico que obliga a vestir de largo en una ocasión de semejantes características, Ortiz se marcó un largo a medio camino en blanco roto y firmado por Felipe Varela, el único diseñador hasta la fecha que se encarga de engalanarla para actos oficiales. El resto de la prole se mantuvo en un segundo plano y humedeció el rabillo del ojo mientras el nuevo monarca se estrenaba ante su pueblo. La infanta Elena con Froilán bajo el brazo, Paloma Rocasolano entre padre y suegra o su ex junto a su mujer Ana Togores (non grata el día de la boda), presidieron las tribunas principales del Congreso y contemplaron cómo Letizia daba el salto definitivo de periodista republicana a Reina consorte de todos los españoles. Las niñas aguantaron el tipo durante toda la mañana, permanecieron atentas a las indicaciones de su madre (saludad, juntad las piernas, sonreíd) y se ganaron al gran público con dos vestidos iguales pero en diferentes tonos confeccionados una semana antes por una modista asturiana conocida de la familia. La princesa Leonor y la infanta Sofía hicieron gala de modales británicos y terminaron meneando la muñeca con soltura para la foto familiar, la imagen del llamado "nuevo tiempo". Que así sea. Ni monárquica ni republicana. Así se define Chabelita en su debut televisivo. La pequeña de los Pantoja cumple a rajatabla la hoja de ruta estructurada por su representante y concede su primera entrevista en un plató. Tras la exclusiva post-parto y el photocall alcachofero, María Isabel compartió confidencias con Jordi González encaramada en unos zancos propios del carnaval tinerfeño y fue sorprendida por un colega de internado que se encargó de agasajarla, le agradeció los buenos ratos vividos en Cantora y se movió al son de Miley Cyrus cual Juanito el Golosina en los tiempos de La Faraona. Veinticuatro horas después y con el temporal en calma, Chabelita y su hermano Kiko firmaban la pipa de la paz, se iban de tapas y aprovechaban para celebrar de forma distendida el triunfo judicial de la matriarca. La tonadillera finalmente no irá al trullo (sí lo hará Zaldívar) y gozará de total libertad para hacerse el agosto en las fiestas patronales, cantarle nanas al pequeño Alberto o pedir clemencia en las rampas de Atocha. De Isabel II paso a Gloria Camila Ortega, que según algunos medios, se habría dejado llevar por el tan a gustito en medio de un botellón y se habría lanzado a los pelos de una de sus compañeras de juerga. Nuevas generaciones para un "pueblo nuevo", señores. A mí esto ya me pilla mayor y con claros signos de insolación (…). 

17 junio 2014

ISABEL PREYSLER, CUATRO DÉCADAS EN EL TRONO

Se resiste a ceder el título de reina de corazones. Tras cuarenta años ocupando portadas del cuché, Isabel Preysler se destapa en cuerpo y alma en la edición española de Vanity Fair, colmena de políticos, aristócratas y fortunas de nuevo cuño. Con un zumo de pomelo enfrente, Isabel hace balance sobre su pasado y su presente, a media voz pero sin omitir ningún agujero de su ajetreada vida personal y profesional. Estaba a punto de cumplir la mayoría de edad cuando dejó Manila para instalarse en España con sus tíos. La idea fue de sus padres, que querían alejarla de un novio que no veían adecuado para su pequeña. Poco después, la dulce filipina daría sus primeros pasos en el colorín más elitista y comenzaría una vida de película retransmitida capítulo a capítulo por los medios. Embarazada de Chábeli y en un mar de lágrimas, estrenó matrimonio con Julio Iglesias, promesa de la canción que comenzaba a despuntar a nivel internacional. Los constantes viajes de Julio alrededor del mundo y sus líos de faldas la convirtieron en una mujer abnegada, dedicada a sus hijos (Chábeli, Julio José, Enrique) y poco amiga de fiestas. Julio era, en palabras de Isabel, un hombre celoso, posesivo e infiel. En contra de la voluntad de toda su familia, Preysler rompía su matrimonio y plantaba al eterno galán. Un golpe bajo para la vanidad del artista que, según muchos, nunca le perdonó. Divorciada del cantante, Isabel comenzó a disfrutar de la vida social con su mejor aliada hasta día de hoy, Carmen Martínez-Bordiú. La nietísima, separada ya de Alfonso de Borbón, inició a su amiga en las veladas con estrellas de Hollywood, bailes de postín hasta el amanecer o viajes exprés en tercera clase. Isabel y Carmen disfrutaban de la frivolidad y aprendían a rentabilizar su propia imagen. En los años ochenta, repetía experiencia con el marqués de Griñón. Carlos Falcó era la antítesis de Julio: culto, liberal y cosmopolita, el hombre perfecto para la mujer más buscada del momento. Entonces llegó Miguel. Eran momentos complicados para el que fuera ministro en el gobierno felipista. Recién cesado del cargo, Boyer e Isabel protagonizaban uno de los mayores escándalos político y social de la época. Lo que comenzó como un juego de seducción, terminó finiquitando el matrimonio con el marqués, su segundo marido y padre de Tamara. La reina de las portadas y el político socialista apostaban por su historia y hacían caso omiso a la polémica que suscitaban sus entradas y salidas. Pasaban por el altar en secreto y tenían a su única hija en común, Ana. A partir de entonces, el nombre de Isabel Preysler se revaloriza y alcanza cotas inalcanzables en el mercado publicitario, donde la mejores firmas cuentan con sus servicios y la colocan en un trono que aún nadie ha conseguido arrebatarle. La muerte de tres de sus cinco hermanos y el ictus que Boyer sufrió en 2012 fueron, sin duda, los reveses más duros a los que ha tenido que hacer frente. Con sesenta y tres años, Isabel dosifica sus salidas públicas, se vuelca en la rehabilitación de su marido y presume de ser la encargada de que sus cinco hijos permanezcan unidos. Finaliza la entrevista afirmando: “Valgo más por lo que callo que por lo que cuento…”. Cuatro décadas después, Isabel Preysler continúa alimentando el misterio. ¿Cuál es el secreto de una vida de película?

13 junio 2014

BANDERAS Y MELANIE, YA LO DECÍA SABINA


Martes. El follón pantojil entra en barrena y la tonadillera atraviesa una de sus épocas más negras. La distancia física y emocional que ha tomado Chabelita de un tiempo a esta parte hace tambalear los cimientos de Cantora y empuja a Maribel a despotricar y menear el volante entre estación y estación de AVE. Con las sacas llenas y la canastilla bajo el brazo, Isabel hija se ha desmarcado del nido y ha cogido las riendas de su propia vida. La exclusiva previo pago daba el pistoletazo de salida a una historia que no había hecho más que empezar. Los siguientes pasos de la pequeña del alma pasaron por plantarse lolas de tronista, dejarse el sueldo en Dolce & Gabbana y mudarse a una urbanización con vistas al Guadalquivir y campo de golf para vips. Pantoja madre derrama lágrimas de sangre y se lamenta de haber sido ninguneada como madre, abuela y dueña del apellido que da de comer al clan. Un vía crucis que comparte con su Paquirrín, ahora Dj. Kiko, que no ha dudado en posicionarse de su lado y cargar las tintas contra la que hasta hace poco era la niña de sus ojos. La cantante y su hijo unen fuerzas y le declaran la guerra a la nueva estrella de la saga, la misma que durante décadas ha visto a su madre en las portadas, en los banquillos y remangándose el refajo en casetas varias, mientras que el ahora entrañable Kiko dedicó su adolescencia a aparear con rubias y morenas a jornada completa. Chabelita no está por la labor de claudicar ni de dar explicaciones a los suyos; rompe lazos, hace carrera en el photocall y bebe los vientos por sus Albertos. Juventud, divino tesoro.

Miércoles. El paseo de la fama de Hollywood está de luto. Nuestro malagueño más internacional y su chica dorada han puesto punto y final a dieciocho años de amor. Tras meses especulando sobre la posible ruptura, Antonio y Melanie han confirmado por fin la noticia alegando "diferencias irreconciliables". Con una hija en común, Stella del Carmen, los actores se enfrentan a un nuevo fracaso matrimonial, el segundo para él y el cuarto para Griffith. La vida de la neoyorquina ha estado plagada de luces y sombras; a pesar de haber triunfado en la gran pantalla, su vida personal no ha sido un camino de rosas. Divorciada en tres ocasiones (dos de Don Johnson), sus entradas y salidas de clínicas de desintoxicación y sus bajadas a los infiernos más sórdidos de la inestabilidad emocional han marcado la pauta antes y durante Antonio. Por su parte, el actor firmó un jugoso acuerdo de divorcio allá por los noventa cuando finalizó su relación con Ana Leza, retirada de la vida pública y beneficiaria de manera vitalicia de todos los ingresos que generen las películas que Banderas grabó dentro del matrimonio. Ambos tienen por delante el dolor de las habitaciones ventiladas y el solo de pijamas con sordina. Ya lo decía Sabina...

Jueves. Tercer aniversario del Mercado de San Antón. Una noche de reencuentros, música noventera, gin-tonics y selfies hasta la madrugada. Por muchos años más.

10 junio 2014

LETIZIA, DE CHICA DEL TELEDIARIO A REINA


La noticia me ha cogido como al resto, con los rulos puestos y fuera de bolos. Contra todo pronóstico, el juancarlismo sale tarifando en el momento más hostil de sus casi cuarenta años de reinado. Con los Borbones repartidos en diferentes puntos del mapa, Don Juan Carlos daba la campanada y soltaba su decisión a bocajarro y con los ojillos a media asta. El país se paralizaba y el pueblo se echaba a las calles a grito de referéndum. Era demasiado tarde. La monarquía llevaba seis meses forjando el relevo y diseñando su hoja de ruta. La crisis institucional y el matrimonio de altibajos (en palabras de Casa Real) de los príncipes, salían a flote en un tiempo récord a golpe de lavado de imagen exprés cual Pantoja poniendo dientes en su cruzada con las Chabelitas y los Paquirrines. El debut de la infanta Leonor en actos oficiales o las salidas fotografiadas estratégicamente de Felipe y Letizia daban la voz de alarma; el reemplazo generacional se estaba cocinando a marchas forzadas. De la noche a la mañana y sin previo aviso, Zarzuela da una vuelta de tuerca y renueva plantilla de arriba abajo, del núcleo duro al último jardinero en nómina. Felipe pasa a ser Felipe VI y la periodista metida a princesa le saca brillo a la corona para iniciar una nueva etapa como Reina, Reina consorte para los Peñafieles, pero Reina al fin y al cabo. Un papel para el que lleva preparándose una década y que daría un soplo de aire fresco a su vida marital, mancillada en los últimos tiempos y símbolo de unión y complicidad de ahora en adelante. Con las infantas Elena y Cristina relegadas a un segundísimo plano en la foto de familia, los hasta ahora príncipes de Asturias recogerán el testigo de Don Juan Carlos y Doña Sofía en un momento inadecuado para muchos y de transición obligatoria para otros. Jóvenes y sobradamente preparados, Felipe y consorte representarán a la Corona dentro y fuera de nuestras fronteras, se dejarán los restos por reconquistar a sus súbditos y darán la cara por un país en números rojos a la cola de Europa y sin esperanza. Una tarea complicada, con hilos sueltos y con la sombra de la duda planeando sobre la repentina abdicación. Líos de faldas, un cese de la convivencia que ya se refleja sin disimulo y diferencias con la justicia de varios miembros de la familia serían algunas de las razones que empujaron a tomar la decisión in extremis a un Rey, que entre quirófano y quirófano, ha pasado de gozar de ostentar el título de salvador de su patria y pilar fundamental en el inicio de la democracia, a perder credibilidad y ver sus chanchullos económicos, amigas entrañables y jornadas de caza copando portadas de diarios internacionales. Felipe y Letizia están en capilla, ultiman los flecos de su nueva andadura y se debaten en la delgada línea que separa su servicio a España de su celosa vida privada; la de los conciertos, los sábados de sushi o los gastos extra que no terminan de trascender. Sin duda, estamos ante una nueva era, sin posibilidad de retorno. O eso parece. El momento del heredero ha llegado y la chica altanera del Telediario permanecerá a su lado como la Reina de todos los españoles. Al menos, de momento. Con ella nunca se sabe.