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13 octubre 2014

VIUDAS DE ESPAÑA, DE CASTAÑO A PREYSLER


Estado civil, viuda. Esta semana el cotarro va de viudas y hay unas cuantas que se dan de tortas por abrir los programas de la sobremesa. Pantoja a la cabeza, viuda de España desde los ochenta y reina de la novela negra treinta años después del fallecimiento de Paquirri, ocupa horas de tertulia y comparte titulares en el Telediario de Ana Blanco con el Ébola por su inminente ingreso/no ingreso en chirona. La tonadillera acudía de luto riguroso y cobijada bajo un paraguas de firma a recoger la notificación que la obliga a desembolsar los cuartos antes de que se cumplan los diez días de rigor. Los días corren y Maribel busca comprador para su choza de La Moraleja, comprada en la era Encarna y cerrada a cal y canto desde su retiro voluntario en la finca Cantora. Empresarios de postín, magnates de la comunicación y fans acérrimos de la artista pujan por hacerse con la joya de la corona mientras la cantante se enchufa la peineta para dar su último concierto antes de y su pequeña del alma organiza fiesta de pijamas en prime time para llegar a fin de mes. Sin líos de alcaldes ni bata de cola se mueve por el mundo Marina Castaño, otra viuda profesional que se tira de los pelos tras la sentencia en firme que le impone abonar a tocateja cinco racimos de millón de euro al primogénito de Cela. Un mazazo para la rubia del Nobel, que reniega de hijos postizos y esputa sin pestañear: “Yo siempre he vivido de mi trabajo, no de saquear a mis padres”. No puede presumir de lo mismo Borjita Thyssen, padre de familia numerosa por vocación y hipster en sus horas muertas. El niño de Tita arrima el hombro y acompaña a la baronesa en la presentación de las memorias de Heini Thyssen ("Yo, el barón Thyssen"), un gesto de amor a título póstumo de la que fue su mujer durante dos décadas y encargada de gestionar el arsenal de cuadros. La última en unirse al club de viudas ha sido Isabel Preysler. El inesperado adiós de Boyer dejaba sumida en la tristeza a Isabel y familia y los medios no tardaban en colocarle la chapita de viuda de a golpe de obituarios a doble página y conjeturas sobre el futuro inmediato de la del baldosín. La calle se divide y los hay que trasladan su calor en momentos de responder pésames y recuperar la normalidad; otros, sin embargo, hacen apuestas sobre el primer photocall que la devuelva al negocio y chismorrean sobre la amistad o algo más con el señor del besamanos y el palco portugués. Cuestión de duelos.