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03 febrero 2015

EL PARTO DE LA BURRA Y LA PATALETA DE GENOVEVA


Viernes. Acaba de asomar la cabeza al mundo y ya me tiene frito. Hablo de Sasha (Sasssha cuando llevas fundas de porcelana), el retoño de Shakira y Piqué. Vale que la criatura está libre de toda culpa, pero el despliegue informativo en torno al parto es, como poco, desproporcionado, o fruto de la sequía informativa. Las principales agencias de comunicación del país hacían noche al frente de la clínica Teknon de Barcelona para cubrir al detalle el ingreso de la cantante, que habilitaba una planta a capricho para darle glamour al tema. Familiares, amigos y demás acólitos de la de Barranquilla perdían el culo por participar en el acontecimiento, capitaneado (por exigencia de la pareja) por un equipo médico formado única y exclusivamente por mujeres, y con contrato de confidencialidad por delante. Como sucedió en el nacimiento de Milan, en el alumbramiento de Shakira no había lugar para varones, a excepción del futbolista y de un reputado cirujano plástico que llevaría a cabo la ardua tarea de borrar cualquier estrago propio de una cesárea. Si la chica sigue procreando bajo el mismo protocolo, acabará con el pellejo hecho polvo. Cosas de divas.

Sábado. El tiempo invita a hibernar y tragarse clásicos de Almodóvar a mansalva, pero para un día que A., E. y servidor cuadramos agenda y ganas de fiesta no hay excusa para causar baja. O sí. A. nos da plantón con la excusa de que la siesta se le ha ido de las manos, así que alargamos los postres para hacer tiempo. Pasada la hora de Cenicienta, hace la entrada en el restaurante. Reparte besos con ojillos de Aquí no ha pasado nada, y además aporta dos elementos más a la causa (Y. y C.). Motivo más que suficiente para concederle el indulto y lanzarnos a los brindis. La noche fluye y los temas a debatir se multiplican. En medio del jaleo, E. suelta el titular de la noche a media voz: “Estoy pensando en retocarme la punta de la nariz y ponérmela más europea”. Se hace el silencio hasta que Y. rompe el hielo provocando la carcajada general: “¡Es muy fuerte que hasta de esto responsabilices a los europeos!”.

Domingo. Vuelvo a la vida tras una cura de sueño y hago un barrido por las noticias. Mientras las redes arden en comentarios por la transformación que sufre el stand madrileño de Fitur (pasó en cuestión de horas de un arco iris pro-gay a un mausoleo gris y mustio), los fans de GH VIP se arrancan los padrastros a jirones con la salida voluntaria de Paquirrín. Como viene haciendo cada vez que da con las carnes en un reality, Kiko abandonaba por la puerta de atrás el concurso y se explayaba en plató contra sus antiguos compañeros de la casa. Dicen los que lo conocen, que el hijo de la Pantoja es bonachón y poco amigo de conflictos, pero se suicida mediáticamente cada vez que hace alarde de ideas reaccionarias más propias de un analfabeto funcional que de un señorito andaluz que fue criado entre algodones e internados sólo aptos para bolsillos pudientes. Al final va a ser cierto que la más abierta que habita en Cantora es la propia tonadillera. Qué pena que se guarde tantas cosas en la bata de cola.

Lunes. Nada ha vuelto a ser lo mismo entre los Alba después de la muerte de la duquesa. Sus hijos se desparraman por separado y el viudo ya galopa en otras tierras fuera de palacio. El buen rollo entre Cayetano y Genoveva también ha desaparecido desde que el jinete le plantease a su exmujer rebajar los gastos que viene asumiendo desde el divorcio. Según cuenta LOC, Cayetano desembolsa más de doscientos mil euros al año en concepto de manutención, gastos de internado inglés y alquiler de un piso en el Paseo Pintor Rosales. La mexicana que un día entroncó con los Vargas Llosa y que se ocupó de representar a la Fundación Alba, montaría en cólera con la proposición respondiendo a la petición vía Burofax. Aseguran sus íntimos que la mexicana no estaría dispuesta a apretarse el cinturón ni a dejar de ayudar a los suyos. Siempre le quedará tirar de la cuenta de Michavila. En peores plazas ha toreado.