Miércoles, las cinco y siete minutos. Contemplo llover como si no hubiera un mañana mientras me pongo un café solo con doble de azúcar y me encomiendo a lo último de Alejandro Sanz vía Spotify. Así podría comenzar la columna de Carme Chaparro en Yo Dona, pero va a ser que no. Arriesgándome a que algunos me mandéis a la papelera de reciclaje sin posibilidad de retorno, me veo en la obligación de reflexionar sobre los últimos avatares de Belén Esteban. Por primera vez desde que apareciese en nuestras vidas para quedarse, la tía me tiene descolocado. Entiendo eso de que tenga el guapo subido al quitarse unos cuantos kilos (eso dice ella), pero cuando se explaya sobre su vida sexual me corta el rollo. La princesa conservadora, tirando a jurásica en esto de las bajas pasiones, ha mutado en una Olvido Hormigos de discoteca, su gran adversaria. Y si no que alguien me explique a qué vienen sus últimas declaraciones a propósito de su nuevo estado civil. Soltera sin visos de reconciliación con el Míguel, pero compartiendo colchón cuando el hambre aprieta, como hizo también, según sus propias palabras, en los tiempos de Dani Dj. o Fran Álvarez. La misma que hace dos telediarios agarraba el bolso y se iba del plató cuando Jorgejá hacía alguna mención a sus artes amatorias, ahora se encumbra como la princesa de los camioneros de España y cambia el “Por mi hija, mato”, por el “Este cuerpo tiene mucho que dar y que recibir”. De las contradicciones de Belén a la buena nueva que anuncia una de sus vecinas de San Blas. Hablo de Sofía Mazagatos, integrante de la cuchipandi de la Mariví y la Tina antes de retornar en miss y codearse con señores mayores de cuestionable sex-appeal. Metida a mayorista de naranjas valencianas y sin pareja conocida, la del candelabro anuncia embarazo en solitario y promete proverbios que pasarán a los anales del colorín cuando se celebre el alumbramiento y empuje el carrito por el barrio de Salamanca a la vera de Chelito García Cortés. No tan rebosante de felicidad parece que esté mi estimada Terelu, a la que atribuyen una nueva ruptura sentimental con el último que asomó el cogote al balcón de Semana Santa. Las Campos son clásicas en eso. Oficializan sus relaciones mientras pasa la Virgen de la Candelaria, y luego se deshacen del sujeto sin dejar pruebas y en silencio. De momento, ella desmiente la información en Twitter, pero teniendo en cuenta su poco feeling con la publicación, podría tratarse de un azote a mano abierta al director de la revista, con su correspondiente versión de los hechos en su programa. Habrá que esperar. Yo, por si acaso, mato el tiempo tragándome las aventuras de Carrie Bradshaw y termino haciendo uso de mi vena consumista a través de Internet. Lo de las compras online es la última que nos han colado. Llenamos el carrito y esperamos pacientemente a recibir al mensajero de turno. Cuando llega el momento de abrir el paquete, estamos tan embobados que se nos olvida completamente que ya nos lo han descontado de la cuenta. Hay que ser idiotas. Buena tarde, y suerte a los eurovisivos (…).
