Hace
un calor que invita al despatarre absoluto, pero la orden me llama y me
dispongo a soltar mis impresiones sobre nuevas reinas, viejas princesas y
promesas del faranduleo más cañí. No asistí al acto de Coronación por miedo a
un ataque de claustrofobia, aunque ondeé la banderilla a pie del televisor y
permanecí ojo avizor a todo lo que dio de sí el día de autos. La jornada transcurrió
según lo previsto; los nuevos reyes hicieron el paseíllo descapotados, se
asomaron al balcón y presumieron de familia unida. Ante la emoción contenida de
Felipe VI, Letizia ejerció de consorte dos pasos atrás de su marido, con la
cabeza erguida y el monedero sobre las rodillas. En contra del protocolo
estilístico que obliga a vestir de largo en una ocasión de semejantes
características, Ortiz se marcó un largo a medio camino en blanco roto y
firmado por Felipe Varela, el único diseñador hasta la fecha que se encarga de
engalanarla para actos oficiales. El resto de la prole se mantuvo en un segundo
plano y humedeció el rabillo del ojo mientras el nuevo monarca se estrenaba
ante su pueblo. La infanta Elena con Froilán bajo el brazo, Paloma Rocasolano
entre padre y suegra o su ex junto a su mujer Ana Togores (non grata el día de
la boda), presidieron las tribunas principales del Congreso y contemplaron cómo
Letizia daba el salto definitivo de periodista republicana a Reina consorte de
todos los españoles. Las niñas aguantaron el tipo durante toda la mañana,
permanecieron atentas a las indicaciones de su madre (saludad, juntad las piernas, sonreíd) y se ganaron al gran público
con dos vestidos iguales pero en diferentes tonos confeccionados una semana
antes por una modista asturiana conocida de la familia. La princesa Leonor y la
infanta Sofía hicieron gala de modales británicos y terminaron meneando la
muñeca con soltura para la foto familiar, la imagen del llamado "nuevo tiempo". Que así sea. Ni
monárquica ni republicana. Así se define Chabelita en su debut televisivo. La
pequeña de los Pantoja cumple a rajatabla la hoja de ruta estructurada por su
representante y concede su primera entrevista en un plató. Tras la exclusiva
post-parto y el photocall alcachofero, María Isabel compartió confidencias con
Jordi González encaramada en unos zancos propios del carnaval tinerfeño y fue sorprendida por un colega de internado que se encargó de agasajarla, le agradeció
los buenos ratos vividos en Cantora y se movió al son de Miley Cyrus cual
Juanito el Golosina en los tiempos de La Faraona. Veinticuatro horas después y
con el temporal en calma, Chabelita y su hermano Kiko
firmaban la pipa de la paz, se iban de tapas y aprovechaban para celebrar de forma distendida
el triunfo judicial de la matriarca. La tonadillera finalmente no irá al trullo (sí lo hará Zaldívar) y gozará de total libertad para hacerse el agosto en las fiestas patronales,
cantarle nanas al pequeño Alberto o pedir clemencia en las rampas de Atocha. De Isabel
II paso a Gloria Camila Ortega, que según algunos medios, se habría dejado llevar por
el tan a gustito en medio de un botellón y se habría lanzado a los pelos de una
de sus compañeras de juerga. Nuevas generaciones para un "pueblo nuevo", señores.
A mí esto ya me pilla mayor y con claros signos de insolación (…).
