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29 abril 2015

SIN MIEDO DE NO VOLVER A VERSE

“La felicidad es separarse y no tener miedo de no volver a verse”. Así arranca el último libro que me hace trasnochar y así me enfrento de nuevo a la hoja en blanco tras el parón, sin miedo a volver a veros y convencido de que la felicidad va y viene para no hacernos dependientes de ella. En este tiempo he reordenado bártulos y sentimientos cual mi estimada Terelu pero sin cofias a mi merced; he aparcado la capital sin salir trasquilado y con una sonrisa. He vuelto en calidad de turista y la he disfrutado como nunca, con la perspectiva que te da el estar de paso, redescubrir lugares y personas. He almorzado con D. en un sitio único (ella sólo me lleva a sitios únicos), y me he marcado un par de correrías nocturnas con E., S. y cía. A una hora indeterminada de una de esas noches, me topé con la duquesita entregada al cortejo a la luz de la luna. El maromo era anónimo, al menos para mí, pero apuntaba maneras de convertirse en el próximo progre que haga la entrada triunfal en palacio. Palacio, que por otra parte, anda revuelto desde que la gran Cayetana no lidia entre unos y otros. El nuevo duque de Alba ha tomado las riendas del patrimonio y ha reorganizado el organigrama familiar, dejando a algunos hermanos, sobrinos y parientes (según algunas voces de vecindona) con lo puesto en las aceras de la calle Princesa. “Hay sitio para todos”, le soltaba una inocente reportera a pie de semáforo; “No, no lo hay, no se crea”, respondía el noble sin despeinarse. Prueba inequívoca de que no son buenos tiempos para nadie, excepto si te llamas Alfonso y un día no muy lejano ejerciste de funcionario con ínfulas de señorito andaluz. Cambiando de tercio, en este tiempo no hemos tenido oportunidad de debatir en mesa camilla (a lo Encarna) la clausura de la casa de Guadalix y el empalme con la aventura hondureña. De lo primero he de decir que me mantengo en mis trece, aunque me mandéis a la hoguera sin piedad. La Esteban se merecía el podium, y su pueblo así lo ha decidido. Cosas de la vida, a la salida no todo lo que la esperaba era tan rosa como su camiseta de cada gala (Andrea, te quiero). Sus compañeros se habían cebado con su persona/personaje catapultándola una vez más como juguete roto del medio, ese término tan manido y rancio que los adversarios utilizan cuando se quieren autoconvencer de que la princesa está tocada y hundida, que diría Víctor Sandoval (¡Nacho Polo, Nacho Polo!). El Míguel tampoco había estado a la altura en su papel de Rodríguez, y en lugar de guardar ausencia en el adosado de Paracuellos, se habría estado desfogando con enfermeras, doctoras, camareras y las que están por entrar en escena. Un nuevo mazazo para Belén, que sirvió como cebo para su enésima reaparición y que hizo las delicias de la audiencia tras casi tres horas intensivas de sofá con la estrella que nunca termina de apagarse, les pese a muchos. La otra princesa también ha sido noticia. Ah no, perdón, que ya no es princesa, sino Reina, qué lapsus más tonto (prometo que ha sido real). No ha generado titulares importantes más allá de ocupar portadas por su nuevo look. Letizia, o Doña Letizia, como prefiráis, optó por deshacerse de su media melena y presentarse en unos premios organizados por una revista de mujeres, con un corte bob que dio la vuelta al mundo. Su país se volvía a dividir y había opiniones para todos los gustos. Muchos vieron una intención mucho más allá de un cambio capilar; Letizia enterraba a la princesa y daba paso a la Reina que ansiaba ser, y que ya era. Volviendo a mi visita exprés a Madrid, aproveché para conocer de primera mano las propuestas de Mango para el próximo Otoño/Invierno. En una primera planta con vistas al barrio de Chueca, varias estilistas de la firma nos mostraron las colecciones de mujer, caballero, niño y Violeta, la línea que lanzó la sobrina del jefe para mujeres como Vicky Martín Berrocal. O eso supongo al verla ejercer de imagen. Aunque si nos ponemos así, también anuncia Nocilla, ¿no? El caso es que hay que aprovechar las oportunidades y montarse en los trenes de la vida, porque, al contrario que con el metro o el bus urbano, nunca sabes en cuántos minutos pasará el siguiente. Gracias por no bajaros de esta ruta. Una vez más. 

17 febrero 2015

LA RESACA DE VALENTINO Y LA OMNIPRESENTE NIEVES

Escurrir el bulto unos días y que te pille el toro, es todo uno. En ésas me encuentro frente a la hoja en blanco y el bloc de notas a rebosar de apuntes en vías de desarrollo para compartir con los osados que continúen dejándose caer por esta bacanal de impresiones. La semana ha dado para mucho y la cuesta de enero ha retornado en un sin parar de shows a todos los niveles. La moda española lo dio todo en las fashion weeks; hablo en plural porque lo que algunos seguimos llamando Cibeles, cuenta desde hace años con un duro competidor al otro lado de la capital. La MFSHOW se postula como la alternativa perfecta a la Mercedes Benz, y la crítica así lo hace saber.  Y si sirve de algo, un servidor también. Tras empalmar una con otra y otra con una, es un gesto de honestidad admitir que la minoritaria se come a Ifema con patatas y ali oli, dando cabida a profesionales más allá de los clásicos cibelinos y en un entorno privilegiado con toque internacional. Todo lo contrario al garaje con luces que capitanean Cuca Solana y cía desde que la propia Cuca vino al mundo. Para intentar sintetizar, destaco las propuestas de Marcos Luengo en la Sala de los Cristales del Palacio de Cibeles; asturiano de pro y con talento a raudales. Por partida doble y con ambiente bucólico, se llevaron el premio a la mejor colección de esta edición los chicos Alvarno, un par de mozos que ya quisieran los Dolce & Gabbana. El front row, pobre, todo hay que decirlo. Sin desmerecer a las dueñas de los pompis que ocuparon la primera fila, hay que recordar, así sin acritud, que las grandes estrellas del cuché patrio declinaron la invitación, de la misma manera que, como viene siendo habitual, hiciesen primeras figuras de la política, la sociedad o la realeza. Mismamente Letizia, que se mimetiza con la plebe para irse de mojitos por Malasaña, pero le cuesta un triunfo arrimar el hombro cuando se trata de apoyar la causa fashionista de su país. La que, por otra parte, se desvanece sin visos de remontar casi tanto como en otro tiempo la industria del cine. Los Reyes tampoco pasearon palmito por los Goya, ni falta que hizo. En esta ocasión, el pueblo se volcó con los actores y la gala arrasó en audiencia. Dani Rovira se lució y los días posteriores no se hablaba de otra cosa; que si el beso de Rovira-Lago, que si el desgreñe de Penélope, que si la omnipresencia de Nieves Álvarez en todo sarao que se precie. Sí, aquí me detengo. Nieves me trae de cabeza desde hace tiempo y ya no me puedo reprimir más. Sin quitarle méritos a la chica, que es mona y ha triunfado fuera de nuestras fronteras (detesto esta expresión pero ahora mismo no encuentro otra), la pobre está sobreexpuesta de un tiempo a esta parte y quizá no le haya dicho nadie que eso pasa factura. Álvarez se ha intentado reconvertir en presentadora pasado el arroz de las pasarelas (qué profesión tan cruel), pero lo de arrastrar los morros y el esternón hasta cualquier alfombra roja ya se las trae. Nunca lo hace sola, para más inri. La tía lleva en el cogote al italiano que tiene por marido y que jamás hemos oído pronunciarse. Los rumores de crisis los salpican cada dos por tres, pero ellos posan mirando al infinito y santas pascuas. Tampoco se apearon de la semana fantástica de los Valentinos. Los he dejado como traca final porque se lo han ganado. El diseñador y su socio/pareja/expareja (hay opiniones para todos los gustos) volaron a España en business y con un séquito de mayordomos y animales de compañía. Aquí les esperaba lo mejor de cada casa para dejarse el bronceado y los higadillos en un porrón de cenas, fiestas flamencas y demás jaranas con Naty Abascal como maestra de ceremonias. Otra cosa no, pero Naty es la mejor anfitriona que ha parido este país, y la única capaz de convocar a socialités, actrices de nueva hornada, matrimonios de conveniencia y ricas de cuna como las Segrelles. Desde entonces, no se ha vuelto a saber de ninguno. Para contrarrestar, yo me he dado de bruces con Elena Tablada y su cuchipandi en el interior de Válgame Dios, el garito que regenta Raquel Meroño en pleno Chueca. Alrededor de la mesa charlaban la propia Tablada, Raquel Rodríguez y otras tantas guapas de oficio que no recuerdo el nombre. No estaban María José Suárez ni Eva González, fieles al local, pero sí una Arancha de Benito desbocada a pie de barra y compartiendo con los presentes que su última relación tan pronto va como viene. Me costó reconocerla entre tanto maromo, pero su voz es inconfundible. Quién sabe si por allí andaba el pequeño Nicolás marcándose un simpa a la vera de Mariló, su nueva mejor amiga. ¡Si es que ya no queda gente honrada como la Esteban!

10 julio 2014

DISLÉXICAS, NIGERIANOS Y CALAS VÍRGENES


Antes de que el sofocón me juegue una mala pasada y me provoque un desorden al nivel Beatriz Montañez (ella lo denomina dislexia), recojo el chiringuito y cuelgo el cartel de cerrado, no por derribo, pero sí por vacaciones. Dejo la crónica veraniega en buenas manos y con la nueva Reina colocada. Letizia, ya Reina Letizia, ha estrenado título con buen pie y ha pasado de torcer el morro cada dos por tres para regodeo de los Peñafieles, a empinar la ceja y desfilar por el mapamundi cual Gracia de Mónaco del futuro. La consorte vuelve a sonreír, le dedica golpes de melena a los de la barriada de enfrente y prepara vacaciones ejemplarizantes en las calas más vírgenes de Almería. ¿Se dejará ver Reina Felicidad (“¡Suena bien!”, dice ella) en bikini y cangrejeras? Si finalmente nos quedamos con las ganas, siempre nos quedará el posado-robado de Raquel Mosquera con el nigeriano de turno. La que un día fue peluquera de cabecera del Hotel Ritz y terminó mutando en madrastra de Rociíto, ha vuelto a las andadas y financia los rulos encaramada a un mozo que regenta discotecas en Móstoles. Un montajillo de cuarta al estilo Tamara Falcó-Enrique Solís pero con más estampados y menos agua bendita. Los dos polluelos aprovechan el tirón de quien se empeña en relacionarlos y juegan al clásico “Por ahora somos amigos, pero nunca se sabe”. Un amor que, por razones obvias, nunca llegará (…). O sí. Ahí están Fran Rivera y Lourdes Montes, que en lugar de divorciarse y darnos el gusto a los maléficos de la pluma, repiten boda en cuestión de días y nos dan la turra hablando de los preparativos, enseñando su alcoba en las revistas y dando lecciones de matrimonio convencional; ésos en los que la mujer cocina y el hombre se espatarra en el sofá. Ea, ya me han estropeado el artículo. Si es que me sale más a cuenta hablar de Chabelita. Recordádmelo a la vuelta. Achuchones y emoticonos. 

24 junio 2014

LITRONAS Y PLATÓS PARA UN PUEBLO NUEVO


Hace un calor que invita al despatarre absoluto, pero la orden me llama y me dispongo a soltar mis impresiones sobre nuevas reinas, viejas princesas y promesas del faranduleo más cañí. No asistí al acto de Coronación por miedo a un ataque de claustrofobia, aunque ondeé la banderilla a pie del televisor y permanecí ojo avizor a todo lo que dio de sí el día de autos. La jornada transcurrió según lo previsto; los nuevos reyes hicieron el paseíllo descapotados, se asomaron al balcón y presumieron de familia unida. Ante la emoción contenida de Felipe VI, Letizia ejerció de consorte dos pasos atrás de su marido, con la cabeza erguida y el monedero sobre las rodillas. En contra del protocolo estilístico que obliga a vestir de largo en una ocasión de semejantes características, Ortiz se marcó un largo a medio camino en blanco roto y firmado por Felipe Varela, el único diseñador hasta la fecha que se encarga de engalanarla para actos oficiales. El resto de la prole se mantuvo en un segundo plano y humedeció el rabillo del ojo mientras el nuevo monarca se estrenaba ante su pueblo. La infanta Elena con Froilán bajo el brazo, Paloma Rocasolano entre padre y suegra o su ex junto a su mujer Ana Togores (non grata el día de la boda), presidieron las tribunas principales del Congreso y contemplaron cómo Letizia daba el salto definitivo de periodista republicana a Reina consorte de todos los españoles. Las niñas aguantaron el tipo durante toda la mañana, permanecieron atentas a las indicaciones de su madre (saludad, juntad las piernas, sonreíd) y se ganaron al gran público con dos vestidos iguales pero en diferentes tonos confeccionados una semana antes por una modista asturiana conocida de la familia. La princesa Leonor y la infanta Sofía hicieron gala de modales británicos y terminaron meneando la muñeca con soltura para la foto familiar, la imagen del llamado "nuevo tiempo". Que así sea. Ni monárquica ni republicana. Así se define Chabelita en su debut televisivo. La pequeña de los Pantoja cumple a rajatabla la hoja de ruta estructurada por su representante y concede su primera entrevista en un plató. Tras la exclusiva post-parto y el photocall alcachofero, María Isabel compartió confidencias con Jordi González encaramada en unos zancos propios del carnaval tinerfeño y fue sorprendida por un colega de internado que se encargó de agasajarla, le agradeció los buenos ratos vividos en Cantora y se movió al son de Miley Cyrus cual Juanito el Golosina en los tiempos de La Faraona. Veinticuatro horas después y con el temporal en calma, Chabelita y su hermano Kiko firmaban la pipa de la paz, se iban de tapas y aprovechaban para celebrar de forma distendida el triunfo judicial de la matriarca. La tonadillera finalmente no irá al trullo (sí lo hará Zaldívar) y gozará de total libertad para hacerse el agosto en las fiestas patronales, cantarle nanas al pequeño Alberto o pedir clemencia en las rampas de Atocha. De Isabel II paso a Gloria Camila Ortega, que según algunos medios, se habría dejado llevar por el tan a gustito en medio de un botellón y se habría lanzado a los pelos de una de sus compañeras de juerga. Nuevas generaciones para un "pueblo nuevo", señores. A mí esto ya me pilla mayor y con claros signos de insolación (…).