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12 noviembre 2015

EL DÍA QUE VICKY ARRASÓ MAIRENA DEL ALCOR

Posiblemente estéis hasta el moño de la que llaman la boda del año, léase el enlace religioso de Evita González y Cayetano Rivera. Habréis seguido el evento en directo, en diferido y hasta en la doble ración de ¡HOLA!, pero sintiéndolo mucho, no me queda otra que cacarear alrededor del asunto, la actualidad manda repite Ana Blanco hace seis lustros en la cadena pública y con el traje sastre intacto. Pues vamos allá. Cómo empezar a hablar del asunto de marras, siendo vox pópuli entre varieteros que no termino de estar en comunión con esta chica. Digo chica sin ningún ánimo peyorativo, aclaro, vayan las buenas intenciones por delante, que tiempo de perder las formas al estilo Belén Esteban siempre queda de aquí al punto final del texto. Como en los mejores cuentos, huevos a las Clarisas mediante, lucía un sol más propio de agosto que de noviembre en Mairena del Alcor, el pueblo que vio nacer a Eva hace treinta y cinco años, y que a día de hoy cuenta con una avenida que lleva su nombre. Los vecinos se tiraban a las calles borrachos de emoción, jaleaban a la puerta de la casa familiar (“¡No colguéis las fotos eh!” replicaba ella), desafiaban a la docena de polis que custodiaban las inmediaciones de la iglesia y hasta compartían sus sentimientos más íntimos ante los micrófonos de los matinales. El bodón prometía, y más tras la llegada triunfal y puntual (qué adorna una rima), del novio, Cayetano Rivera Ordóñez, segundo hijo de Paquirri y Carmina la divina, ambos contemplando la escena desde allí arriba. Una escena que ella, de fucsia y con porte de primera dama, vivió en sus carnes hace la tira de años en Gijón. En aquel momento, una Blanca Romero envuelta en Karl Lagerfeld de arriba abajo, de derecha a izquierda, juraba amor eterno al pipiolo Ordóñez, con posterior fabada asturiana en el hotel paterno (hoy reconvertido en un geriátrico. Maldita burbuja) y la niña que poco después adoptó como propia de testigo. La misma que en esta ocasión se perdió la fiesta, pero que una madrina de verde esperanza y mantilla en todo lo alto aderezó acompañando a su ya yerno vestido de Armani y con gemelos de Loewe al altar. Un altar al que veinte minutos después, llegaba la gran protagonista de la jornada. Eva no defraudaba, y arrastraba escalera arriba con garbo un vestido firmado por Pronovias, regalo de la casa (prendedor cedido por Suárez con doscientos cincuenta diamantes, pendientes valorados en dos mil euros y manicura de mujer fatal para más datos), que, las cosas como son, le sentaba como anillo al dedo. La moza tiene sonrisa inmaculada y conserva las medidas que la coronaron como la más bella del reino sevillano. Ese día se comenzaba a escribir la historia de la que ya ejerce de señora de Rivera, Eva González, modelo ocasional, presentadora en ciernes, imagen publicitaria y carácter de agárrate y no te menees, donde los haya. El temperamento de la sevillana es de sobra conocido y el perfil de sus conquistas son la mejor prueba de ello. Arturo Valls, Iker Casillas o Cayetano son los nombres propios oficiales que han compartido lecho con González, los dos últimos con un perfil bastante similar; hombres introvertidos, abnegados, sumisos y con capacidad de sacrificio y de delegar en su bella dama. Nada que objetar, fuera machismos y clichés patrios, ¡faltaría más! Pero a pesar de resultar maravillosa a la par que sobreactuada, no termino de creerme la carcajada a doble premolar que regala Eva cada vez que ve un flash cerca. Choca, y bastante, el morro torcido que luce como nadie en aeropuertos, tiendas de decoración o el mismísimo interior de su coche en pleno atasco camino a Masterchef. Me

estoy yendo por las ramas, lo sé, y no trato de convencer a nadie de que Evita no es el alma cándida que desearía este país. Vuelvo al paseíllo, y repaso los invitados y crímenes estilísticos de algunos. De azul esplendoroso se salvó de la quema María José Suárez, la única de la cuchipandi que salió airosa con un modelito firmado por ella misma. ¡Si es que esta chica es una monada! Doy fe, yo la venero desde que le dio sentido a la Noche de Fiesta de José Luis Moreno. El resto de amigas, pobrecillas mías, acudieron llenas de ilusión, y eso es lo que cuenta, no se puede acertar siempre, y menos en medio de un pueblo reconvertido en el set de rodaje de Amar en Tiempos Revueltos. Elenita Tablada (¡angelito!), Priscila de Gustin, Raquel Rodríguez, Elisabeth Reyes, Raquel Revuelta y demás ninis de las pasarelas, lucieron palmito, que lo tienen, y lo dieron todo: lágrima en iglesia, selfie con el rabo de toro en el plato y reggaeton a ritmo de Paquirrín en su versión Dj. pasada la madrugada. Más allá de misses, amigas íntimas y compañeras de faenas, tampoco destacaron para bien Vanessa Martín, Pastora Soler, ni Lourdes Montes, cuñada, abogada, diseñadora y esposa a la vieja usanza de Fran Rivera, el hermano mayor, de los Rivera y de toda cofradía que se precie. Como no sólo de mal gusto, encajes, estolas, tocados imposible, rasos carnavalescos y pestañas abanico vive el hombre, apareció a medio día el cisne blanco, Paloma Cuevas, soberbia elegancia y puesta en escena. Lo hacía tres o cuatro pasitos por detrás de esas dos hermanas pegadas a un macetero de dos por dos y con los hialurónicos a punto de arrasar con Mairena del Alcor. Hablo de las Martín Berrocal, Vicky y Rocío, con la primera a la cabeza, y petada de volúmenes hasta el infinito y más allá. Vicky es una mujer excesiva toda ella, vive estancada en el más es más, y así opera desde el día que facturó con el Cordobés. Qué sería de una boda, un bautizo, una Comunión o una caseta en la Feria de Abril sin su impagable presencia. ¡Vivan los novios y viva esa gran mujer que lo mismo diseña vasos de Nocilla que gestiona la Sepulvedana! 

29 abril 2015

SIN MIEDO DE NO VOLVER A VERSE

“La felicidad es separarse y no tener miedo de no volver a verse”. Así arranca el último libro que me hace trasnochar y así me enfrento de nuevo a la hoja en blanco tras el parón, sin miedo a volver a veros y convencido de que la felicidad va y viene para no hacernos dependientes de ella. En este tiempo he reordenado bártulos y sentimientos cual mi estimada Terelu pero sin cofias a mi merced; he aparcado la capital sin salir trasquilado y con una sonrisa. He vuelto en calidad de turista y la he disfrutado como nunca, con la perspectiva que te da el estar de paso, redescubrir lugares y personas. He almorzado con D. en un sitio único (ella sólo me lleva a sitios únicos), y me he marcado un par de correrías nocturnas con E., S. y cía. A una hora indeterminada de una de esas noches, me topé con la duquesita entregada al cortejo a la luz de la luna. El maromo era anónimo, al menos para mí, pero apuntaba maneras de convertirse en el próximo progre que haga la entrada triunfal en palacio. Palacio, que por otra parte, anda revuelto desde que la gran Cayetana no lidia entre unos y otros. El nuevo duque de Alba ha tomado las riendas del patrimonio y ha reorganizado el organigrama familiar, dejando a algunos hermanos, sobrinos y parientes (según algunas voces de vecindona) con lo puesto en las aceras de la calle Princesa. “Hay sitio para todos”, le soltaba una inocente reportera a pie de semáforo; “No, no lo hay, no se crea”, respondía el noble sin despeinarse. Prueba inequívoca de que no son buenos tiempos para nadie, excepto si te llamas Alfonso y un día no muy lejano ejerciste de funcionario con ínfulas de señorito andaluz. Cambiando de tercio, en este tiempo no hemos tenido oportunidad de debatir en mesa camilla (a lo Encarna) la clausura de la casa de Guadalix y el empalme con la aventura hondureña. De lo primero he de decir que me mantengo en mis trece, aunque me mandéis a la hoguera sin piedad. La Esteban se merecía el podium, y su pueblo así lo ha decidido. Cosas de la vida, a la salida no todo lo que la esperaba era tan rosa como su camiseta de cada gala (Andrea, te quiero). Sus compañeros se habían cebado con su persona/personaje catapultándola una vez más como juguete roto del medio, ese término tan manido y rancio que los adversarios utilizan cuando se quieren autoconvencer de que la princesa está tocada y hundida, que diría Víctor Sandoval (¡Nacho Polo, Nacho Polo!). El Míguel tampoco había estado a la altura en su papel de Rodríguez, y en lugar de guardar ausencia en el adosado de Paracuellos, se habría estado desfogando con enfermeras, doctoras, camareras y las que están por entrar en escena. Un nuevo mazazo para Belén, que sirvió como cebo para su enésima reaparición y que hizo las delicias de la audiencia tras casi tres horas intensivas de sofá con la estrella que nunca termina de apagarse, les pese a muchos. La otra princesa también ha sido noticia. Ah no, perdón, que ya no es princesa, sino Reina, qué lapsus más tonto (prometo que ha sido real). No ha generado titulares importantes más allá de ocupar portadas por su nuevo look. Letizia, o Doña Letizia, como prefiráis, optó por deshacerse de su media melena y presentarse en unos premios organizados por una revista de mujeres, con un corte bob que dio la vuelta al mundo. Su país se volvía a dividir y había opiniones para todos los gustos. Muchos vieron una intención mucho más allá de un cambio capilar; Letizia enterraba a la princesa y daba paso a la Reina que ansiaba ser, y que ya era. Volviendo a mi visita exprés a Madrid, aproveché para conocer de primera mano las propuestas de Mango para el próximo Otoño/Invierno. En una primera planta con vistas al barrio de Chueca, varias estilistas de la firma nos mostraron las colecciones de mujer, caballero, niño y Violeta, la línea que lanzó la sobrina del jefe para mujeres como Vicky Martín Berrocal. O eso supongo al verla ejercer de imagen. Aunque si nos ponemos así, también anuncia Nocilla, ¿no? El caso es que hay que aprovechar las oportunidades y montarse en los trenes de la vida, porque, al contrario que con el metro o el bus urbano, nunca sabes en cuántos minutos pasará el siguiente. Gracias por no bajaros de esta ruta. Una vez más.