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22 febrero 2016

DE LOS PAJARES A LOS ´MAKOKOS´


“Madrid está de moda”. Así reza la promo de la MFSHOW, la pasarela que hace varios años ejerce con nota de telonera cibelina. Me surgen varias dudas: ¿Cuándo no está Madrid de moda?, ¿en qué momento la pasarela de segunda se ha comido a Ifema con papas y ali oli? El caso es que uno se echa el bufandón maxi al cuello y se presenta en menos que canta un gallo en la Plaza de Colón. Concretamente en cuanto recibo la invitación de Protocolo, salgo por patas hacia la capital y poso el culo en primera fila. Independientemente de que en ediciones anteriores la localización haya sido más espectacular (pasamos de edificios representativos a carpas circenses), Blanca Zurita y todo su equipo realizan un trabajo espectacular para sacar adelante todos los desfiles. Volviendo a Protocolo, la firma de novios nos trasladó a los años veinte revisitando los chaqués, las corbatas en pasley y el hombre de pelo en pecho con andares de dandi italiano. Un ambiente operístico que el público festejó después en la carpa contigua (agüita con misterio patrocinadora del evento en mano), y destacó las cualidades de maniquí del modelo revelación de la tarde. No era otro que uno de los polluelos de Norma Duval y Marc Ostarcevic. En ese momento, viajo al pasado y rescato de mi retina posados espeluznantes con las aguas cristalinas de fondo, donde la vedette y su maromo de aquellos tiempos lucían bronceado y uniformes blanco inmaculado al más puro estilo Julio Iglesias y cía rodeados de toda su prole. De Colón pasé al musical La Llamada, y de La Llamada al patio de butacas del Proyecciones, donde la taquillera me sopla a bocajarro: “Es lo mejor que hay en cartel”. Se refiere a “La chica danesa”, una obra de arte basada en un hecho real que recomiendo a todo aquel que necesite una caricia a los sentidos. Antes de convertirme en Paloma Cuevas, bajo al lodo y repaso las pomadas corazoniles de las últimas semanas. Las revistas desafían a la crisis del papel y recogen los avatares de personajes de tercera regional, los mismos que ocupan horas de televisión. Para ejemplo, los Makokos, la única saga que ha conseguido superar la guerra fría que los Pajares representaron en los noventa a golpe de Andresitos, Maricielos, Conchis y Chonchis. Ahora es el turno de Matamoros y sus dos familias; por un lado un matrimonio con la hermana mayor de Mar Flores que, de momento, ha sacado a la palestra a dos de sus hijos, y por otro, su actual pareja, o sea Makoke, la mujer con menos léxico y más sangre fría que ha pisado un plató de televisión desde los años de la Mazagatos. Con pocos visos de limar asperezas, los afectos, desafectos y traiciones veladas de unos y otros pasan por maquillaje y peluquería y se destapan a cambio de parné con la rubia, ahora morena, a la cabeza y sin descruzar la pierna aunque le llamen en todos los morros perra judía. Más rubia y más frágil se muestra Marta Sánchez en el nuevo formato de La Sexta. A mi manera ha conseguido reunir a varios iconos de la música patria con el fin de hacer un repaso de sus carreras en un docureality donde unos versionan éxitos de otros. Un programa con ética y estética donde la propia Marta ha dinamizado su imagen de bobalicona para dar paso a una artista madura, sensible y con sobrada garganta para reinventarse profesional y personalmente las veces que le salga de la peineta. Casi tantas como Preysler, angelito mío, que ha soplado sesenta y cinco velas, y en lugar de jubilarse y mudarse a Benalmádena, ha sacado los lomoss al fresco y ha arrastrado al Nobel a los Goya. Isabel apretaba la mandíbula y buscaba miradas cómplices entre actrices de primera fila. Otra cosa es que las haya encontrado. Zapatero, a tus zapatos.

15 enero 2016

DEL BEBÉ DEL HEMICICLO AL FESTIVAL DE LOS MATAMOROS

Despedimos el año con los estilistas telecinqueros en cueros, y a mediados de enero ya hemos dado la campanada con el bebé del hemiciclo. La primera criatura que pisa el Congreso (con permiso de Errejón), y que tan pronto cuelga de la teta materna como de las greñas de Pablo Iglesias. Un hito en la historia de este país que sirve para establecer un nuevo debate en los mercadillos de los pueblos, dar pisto a los informativos y tregua a un gobierno que no termina de cuajar ni con unos ni con otros. En tierra de nadie, y con un Rajoy posguantazo como presidente en funciones, hay sagas familiares que han comenzado la temporada haciéndose el agosto bajo la etiqueta de vip. En muchos casos, perfectos desconocidos para cualquier telespectador raso, pero savia nueva para el faranduleo televisivo. En la choza de Guadalix pernoctan desde hace semanas personajes tan dispares como Rosa Benito (¡te arrastro!), Carlos Lozano (en busca de su operación triunfo), una parienta lejana de Camilo José Cela con ramalazo de pija y el pequeño Nicolás (llamadme Fran). A falta de personajes potentes al estilo Esteban, la cadena estira el festival de los Matamoros a golpe de hermanos, hermanastros, madrastras maquiavélicas y mujeres despechadas en la sombra. El cachorro de Makoke y la segunda hija de Kiko Matamoros ejercen de dignos herederos en el show business respectivamente. Él con pocas facultades para el show y las piernas muy largas, y ella con las espadas en alto y la rubia del Telecupón entre ceja y ceja. Con unos dentro y otros fuera, los elementos nuevos de la historia se van sucediendo y las televisiones se dejan los restos por sacar a la palestra a la gran desconocida, Marian Flores. Hermana mayor de Mar, desterrada del panorama social desde años ha y protagonista indirecta de uno de los culebrones más sórdidos de los últimos tiempos. Un asunto que ha conseguido desviar de alguna manera la atención del contencioso Esteban-Sanchís, un lío de traiciones y cachés perdidos que ha dinamitado la fulgurante carrera del representante y ha elevado a la máxima potencia la popularidad de la princesa, fuerte como nunca y con las extensiones a punto para defenderse en los juzgados y compartirlo en directo con su pueblo. Un banquillo en el que ya ha posado el trasero la infanta Cristina, primer miembro de Casa Real en hacer el paseíllo de los acusados y con pocas trazas de ser declarada culpable. Con un poco de suerte, será Urdangarín el que duerma a la sombra por un tiempo, como hiciera Pantoja, que ya entra y sale de Alcalá de Guadaíra como Pedro por su casa, con permisos cada dos por tres y todo su patrimonio inmobiliario en venta a precio de saldo. La tonadillera está dispuesta a liquidar deudas y empezar de cero; con toda probabilidad, lejos de Cantora y a ritmo de ranchera. Para terminar este desaguisado tan poco alentador, he de confesar que mis propósitos para este 2016 pasan por retomar la lectura, dosificar los vicios y dejarme ver de vez en cuando por la cinta de correr. Una declaración de intenciones similar a la que entona Terelu, con el ego en todo el moño y subida en los tacones que firma su mismísima madre. Que tiemble Carrie Bradshaw, que llega la Campos dispuesta a arrasar las fábricas de Elda. Con Dios, queridos. 

30 octubre 2015

MAKOKE, PRIMARK Y LA CIRUGÍA LOW COST

Viernes. Después de seis meses de retiro, pongo un pie en Madrid y redescubro la gran ciudad a lo Paco Martínez Soria. Me revuelvo con algunos cambios: mi chigre de la esquina es una tienda de comida ecológica, mi frutería una peluquería china, y el garito donde una vez fui víctima de una sesión de radiofrecuencia que me dejó un desnivel importante entre el pómulo derecho y el izquierdo ahora organiza reuniones para captar a nuevos Testigos de Jehová. Es lo que viene siendo Madrid, un epicentro de oportunidades que lo mismo te da una torta a dos manos cuando llegas, que te pellizca y se resiste a que te largues cuando se apagan las luces de la fiesta y ya nadie te saca a bailar. Madrid engancha y la OMS debería costear un par de BlaBlaCar al año que incluyan paseo por la Gran Vía, habitación con baño y tarifa plana de mojitos en Malasaña. En este regreso al pasado más reciente, me reafirmo en que los pitillos están causando estragos (los pantalones, no los canutos, que también), y lo que te rondaré morena. La moda hipster (subcultura absurda donde las haya) de me sobran tres tallas arriba y me faltan abajo siguen instaladas en la zona comercial y en parte de la periferia. Mi propia madre, que es una visionaria, ya relaciona el petazo de los vaqueros con la infertilidad de los jóvenes españoles. Ahí lo dejo, quizá no sea ninguna tontería. El caso es que, pitillo arriba, pitillo abajo, en este momento no eres absolutamente ni el tato, más bien un mindundi, si no cargas media docena de bolsas de Primark en cada mano mientras miras al infinito de Fuencarral y agitas el tupé perfectamente organizado con premeditación, nocturnidad y alevosía. Ya que he metido la puntita, allá voy. Sí, señores, aquí el que les habla ha sido uno de los que desafió a la gravedad y se jugó el tipo por corretear en el huevillo de oro del mítico número 32 del Grupo Prisa. El mismo que un día curró día y noche en el mismo edificio y juró que nunca volvería a sufrir agorafobia por hacerse con un trapo low cost, pecó como el resto de los mortales y se metió hasta la cocina bolsa al hombro. La experiencia ni fu ni fa, un recorrido entre morralla, morralla y más morralla, en el que si los astros se alinean, puedes toparte con la prenda estrella de la colección, y ya si tu talla está disponible, para qué queremos más, ¡es tu día de suerte! ¡tu mes! ¡tu año, qué coño! Paso por caja número 8 y cuando abandono el local, me arrastro hasta la primera cervecería de turno para coger aire, zamparme un ansiolítico y repasar la broma que ya me han cargado a la cuenta. Uno que es un pelín masoca, va y decide leer opiniones, artículos y foros acerca del boom #primanía que causa furor, ataques de ansiedad y tirones de pelos entre gran parte de la sociedad. Me encuentro generalmente con topicazos que nos remontan a niños de Bangladesh cosiendo en condiciones infrahumanas y en los que fomentamos esa basura. Al otro lado, otros barren para casa y se excusan en que nuestra propia sociedad nos ha empujado a consumir ese tipo de producto y caer rendido a una oferta a la que no nos podemos resistir, casi siempre, porque no nos queda otra y la cartera manda. Conclusión: quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra. El mundo no lo manejamos los que nos dejamos el sueldo en un Zara, un H&M o un Caprabo.

Sábado. Pasadas las doce, me esperan en mesa redonda E., JK., y toda la comitiva. Con los besos repartidos y el “Cuánto tiempo sin verte” correspondiente, surge el tema de la noche: los retoques estéticos. Podría haber fluido porque sí o haber sido una simple consecuencia del gintonic, pero había una razón de peso. No una, sino varias. JK., muy a su pesar de que yo lo esté vomitando en esta humilde columna, había pasado por boxes y tal acontecimiento no se podía pasar por alto. Hablamos unos encima de otros, preguntamos, debatimos varios decibelios por encima de la música, y terminamos echando mano a la carne. Que si un abroche de orejas por aquí, que si una nariz chata por allá… El momento cumbre de la jornada llegó cuando JK., sin despeinarse, soltó por esa boquita que Dios le dio y un futuro cirujano plástico le rematará: “La técnica que más se utiliza ahora mismo en mi país es la de ponernos los ojos como los tuyos, por ejemplo. Será lo próximo que haga”. Atónito respondo: “¿Los ojos cómo? ¿Redondos, quieres decir?”. “Noooo, hombre, claritos. Te hacen un trasplante de córnea y eliges el azul que más te guste”. Las carcajadas resonaron sobre los bafles y decidimos irnos con la música a otra parte.

Miércoles. Ya en casa, me pongo al día con la colada, los correos sin responder y la compra semanal. Entre medias, enciendo la televisión y echo un vistazo a las revistas del colorín. Nada reseñable, ni en un sitio ni en el otro. Preysler más planchada de lo habitual confesando que ya planea boda (y van cuatro) con el Nobel degollado; Pedroche y el chef de la cresta casándose en el trastero de su casa en zapatillas, vaqueros y con la exclusiva pactada previamente, y un nuevo elemento en el universo Sálvame, un animalillo al que despellejar y echar a los gatos de Karmele convertido en fiambre. Hablo de Makoke, ese mujerón que habla poco y mal pero que luce pierna como nadie. La bendita ha fichado por el programa para cubrir la enésima baja de su chico (ella le llama marido), léase Matamoros (Coto no, el otro). La chica, menos rubia que antaño, pero con la misma comprensión oral que cuando removía bolas en el Telecupón de Carmen Sevilla, aguantó estoicamente a la banda de enfrente, cargada hasta las cejas de cañones y repartiendo a diestro y siniestro sin piedad. Encabezando el eje del mal al que hasta hace bien poco también pertenecía Matamoros, estaba Mila Ximénez, la señora que mata moscas a cañonazos y que lo mismo compartía mesa y mantel con la susodicha, que se desgañita ahora como si no hubiera un mañana defendiendo máximas del tipo: “Eres cortita. Eres una sinvergüenza. Eres muy chula. No trabajas desde que terminó el Telecupón. Eres la mano que mece la cuna”. Y así, en el fragor de la batalla, la Esteban entró en acción, el director intervino para azuzar más si cabe y la mismísima Sor Ángela de la Cruz (alias Terelu) sentenció con deje andaluz: “Makoke, hija, a mí no me convences, y eso que eres amiga mía”. A perro flaco, todo son pulgas, dicen. Suerte, guapa. Te va a hacer falta.