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15 enero 2016

DEL BEBÉ DEL HEMICICLO AL FESTIVAL DE LOS MATAMOROS

Despedimos el año con los estilistas telecinqueros en cueros, y a mediados de enero ya hemos dado la campanada con el bebé del hemiciclo. La primera criatura que pisa el Congreso (con permiso de Errejón), y que tan pronto cuelga de la teta materna como de las greñas de Pablo Iglesias. Un hito en la historia de este país que sirve para establecer un nuevo debate en los mercadillos de los pueblos, dar pisto a los informativos y tregua a un gobierno que no termina de cuajar ni con unos ni con otros. En tierra de nadie, y con un Rajoy posguantazo como presidente en funciones, hay sagas familiares que han comenzado la temporada haciéndose el agosto bajo la etiqueta de vip. En muchos casos, perfectos desconocidos para cualquier telespectador raso, pero savia nueva para el faranduleo televisivo. En la choza de Guadalix pernoctan desde hace semanas personajes tan dispares como Rosa Benito (¡te arrastro!), Carlos Lozano (en busca de su operación triunfo), una parienta lejana de Camilo José Cela con ramalazo de pija y el pequeño Nicolás (llamadme Fran). A falta de personajes potentes al estilo Esteban, la cadena estira el festival de los Matamoros a golpe de hermanos, hermanastros, madrastras maquiavélicas y mujeres despechadas en la sombra. El cachorro de Makoke y la segunda hija de Kiko Matamoros ejercen de dignos herederos en el show business respectivamente. Él con pocas facultades para el show y las piernas muy largas, y ella con las espadas en alto y la rubia del Telecupón entre ceja y ceja. Con unos dentro y otros fuera, los elementos nuevos de la historia se van sucediendo y las televisiones se dejan los restos por sacar a la palestra a la gran desconocida, Marian Flores. Hermana mayor de Mar, desterrada del panorama social desde años ha y protagonista indirecta de uno de los culebrones más sórdidos de los últimos tiempos. Un asunto que ha conseguido desviar de alguna manera la atención del contencioso Esteban-Sanchís, un lío de traiciones y cachés perdidos que ha dinamitado la fulgurante carrera del representante y ha elevado a la máxima potencia la popularidad de la princesa, fuerte como nunca y con las extensiones a punto para defenderse en los juzgados y compartirlo en directo con su pueblo. Un banquillo en el que ya ha posado el trasero la infanta Cristina, primer miembro de Casa Real en hacer el paseíllo de los acusados y con pocas trazas de ser declarada culpable. Con un poco de suerte, será Urdangarín el que duerma a la sombra por un tiempo, como hiciera Pantoja, que ya entra y sale de Alcalá de Guadaíra como Pedro por su casa, con permisos cada dos por tres y todo su patrimonio inmobiliario en venta a precio de saldo. La tonadillera está dispuesta a liquidar deudas y empezar de cero; con toda probabilidad, lejos de Cantora y a ritmo de ranchera. Para terminar este desaguisado tan poco alentador, he de confesar que mis propósitos para este 2016 pasan por retomar la lectura, dosificar los vicios y dejarme ver de vez en cuando por la cinta de correr. Una declaración de intenciones similar a la que entona Terelu, con el ego en todo el moño y subida en los tacones que firma su mismísima madre. Que tiemble Carrie Bradshaw, que llega la Campos dispuesta a arrasar las fábricas de Elda. Con Dios, queridos. 

03 diciembre 2015

LA FORTUNA DE LA ESTEBAN, EN PARADERO DESCONOCIDO


Se ha hecho de rogar, pero ha irrumpido con fuerza y arrasando con todo. Hablo del invierno, esa estación puñetera que he estrenado en horizontal, con la ojera en sepia y el cargamento de antibiótico adornando la mesilla de noche. Con los radiadores echando humo y la doble manta al cuello, me dispongo a escribir estas líneas antes de dejarme arrastrar a los barros en los que hace la croqueta mi estimada Terelu, que semana sí, semana también, ocupa portadas a propósito de sus propios cebos en prime time.  La pequeña Campos ha vuelto a compartir con todo bicho viviente la hecatombe personal y profesional que atraviesa desde los años que reinó Carolo, aquella época dorada en la que se movía entre el wonderbra y el maromo de turno, en la que las vacas eran muy gordas y las noches de La Moraleja muy largas, las procesiones de Semana Santa muy rentables y las fiestas de cumpleaños un bodón gitano. Terelu atraviesa sus horas más bajas y se siente vieja, fea y gorda (sic.). Tanto, que ni el Camu Camu ni el Halibut miniminizan sus penas, ésas que ahoga cada noche entre amigas y copas de balón, con chófer a la puerta y un par de asistentas con la cofia en lo alto que le hacen los honores cuando decide retirarse a su alcoba de Aravaca. Así transcurren los días más negros de Terelu y así nos lo cuenta ella misma, mientras su madre vive su tiempo más feliz y planea mudarse a un adosado con Edmundo, Bigote para la plebe, en cuanto se deshaga de su patrimonio inmobiliario por el módico pellizco de unos seis millones de euros. Quién sabe si le caerá algo a la niña de sus ojos. El ocaso de Terelu se queda en una simple anécdota si hacemos una comparativa con la situación de su compañera de meriendas. Belén Esteban vuelve a primera línea de actualidad y los responsables de Mediaset se frotan las manos para gestionar la bomba que les hará cerrar el año líderes. Una vez más, la estrella de Belén brilla con fuerza y, lejos de apagarse, rellena la parrilla televisiva sine die con su última traición, la de su mano derecha, repre, amo de llaves y amigo del alma, Toño Sanchís. El melenas con pinta de bonachón y discurso aprendido en Ceac podría ser un lobo con piel de cordero que comience a cavarse su propia tumba. Los hechos se remiten al pasado verano, cuando supuestamente y siempre según la versión de la de San Blas, un desajuste en sus cuentas la llevaron a encargar una auditoría. Reunidos sus jefes, gestores y abogados, habrían llegado a la conclusión de que Sanchís no sólo habría movido con torpeza las cuentas de la Esteban, sino que habría metido la mano en dinerillo, comisiones e intervenciones televisivas a espaldas de su gallina más productiva. “Yo era el representante y él era el artista”. Así define la traición la rubia, y así comienza la última tragedia de la temporada, una historia oscura que se debatirá en los tribunales y que todo el país juzgará popularmente desde el sillón y a pierna suelta. Suerte, princesa, y al toro.