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30 enero 2015

EL DIVORCIO DE LOLITA Y EL CURSO LOW COST DE PELAYO

Miércoles. Lo de Lolita se podría decir que es la crónica de una ruptura anunciada. Hay algunos, entre los que me incluyo, que ya lo veíamos venir incluso antes de la boda. Dios me libre a mí de la magia negra o los superpoderes, pero algo rechinaba en esta historia. A lo que voy, la cantante y Pablo Durán confirman separación, divorcio y todo trámite que dé al traste con su relación de pareja después de muchos meses intentando recuperar el amor perdido. En palabras de Lolita, los sentimientos se esfumaron cuando las pesetas empezaron a escasear, y ahora que la situación económica parece que empieza a remontar, es buen momento para dar carpetazo y decirse adiós de buenas maneras. No auguro malos rollos ni cruce de acusaciones en prime time, porque si por algo se caracterizan los Flores es por mantener el buen rollito con todo aquel que se deja caer por El Lerele, aunque sea para sacar tajada de capítulos oscuros de la familia, ésos que se quedarán para La Faraona por los siglos de los siglos. En los tiempos que corren, es para quitarse el sombrero. Esto no quita a que uno y otra desentrañen el culebrón por capítulos, que lo harán. Ambos manejan los tiempos y la palabra y serán capaces de pasar por caja sin salir escaldados. Es otro don que llevan en la sangre.

Jueves. Se celebra la segunda edición de la pasarela Bodabook en el Palacio de Fernán Núñez de Madrid. Llego puntual a la cita y a punto estoy de salir pitando cuando veo la calle colapsada y los nervios de los convocados a flor de piel. Deduzco que a la organización se le fue un poco de las manos el cotarro y aprovecho para colarme muy digno en la trastienda. Con más de una hora de retraso, comienza el desfile mientras improvisan una silla para María José Suárez (de nuevo soltera y encaramada a unos andamios pa habernos matao) y alguna vip que hace su entrada a última hora. El lugar es de cuento y los diseños que pisan la alfombra roja dan fe de que en nuestro país hay talento a espuertas. Tanto que diseñadores consagrados y noveles son ovacionados por igual como si no hubiese un mañana después de reversionar el concepto de novia clásica en una mujer de su tiempo, con fuerza y que arriesga en su gran día. Justo enfrente observo a una it girl de éxito, de iniciales P.O., que sólo levanta la cabeza del iPhone para mascar chicle a dos carrillos como sólo he visto a Bea la legionaria. Hay que ver qué hueco en el front row más desaprovechado.

Viernes. De blogueras que se pasan el trabajo ajeno por el arco del triunfo, paso a Pelayo Díaz, muy socorrido siempre para rellenar cualquier columna. La master class frustrada a mil quinientos euros por barba sigue coleando y no tiene pinta de terminar aquí. El orden de los acontecimientos va de cancelar la ponencia por falta de alumnos en un hotel de lujo a desmentir vía abogados (sí, en plural) que ése fuese el motivo real. El ex de David Delfín habría preferido posponer el tema para no verse envuelto en polémica. Ha pasado el tiempo y la historia ha cambiado considerablemente. La master class en el Hotel Villa Magna se terminará celebrando próximamente en un local de bocatas low cost en plena Puerta del Sol, según informa el portal Bekia. Aquí huele a chamusquina casi tanto como en la maternidad en solitario de una top retirada de las pasarelas que responde a las iniciales E.C. Cuenta una revista del corazón que el padre de la criatura sería un deportista de élite. Y hay quien me asegura que su nombre también comienza por E. Hagamos cábalas. 

11 diciembre 2014

KYLIE MINOGUE NO OLVIDA A VELENCOSO


Domingo. El chester de Risto se pone flamenco para recibir a la que hace unos años le plantó cara sin despeinarse por defender a su niña, Lolita. La hija de La Faraona se lleva a su terreno inmediatamente al presentador y consigue traspasar las gafas oscuras que se llevaron sin piedad a unos cuantos triunfitos en otro tiempo. Flores abre su corazón y hace un repaso a sostén quitado por un camino de rosas y espinas, donde el concepto de familia unida imperó sobre todas las cosas y que a día de hoy se empeña en mantener inquebrantable, pese a las adversidades. Desamores, problemas económicos y épocas negras en las que el whisky y los boleros de Moncho fueron el único consuelo para llenar el vacío de los que se fueron. Me gusta escuchar a Lolita, verla, sentirla. Supongo que la veo de verdad, sin artificios.

Lunes. Día festivo para muchos. Madrid se llena de turisteo y las calles se ponen imposibles. Ya lo advirtió Piqueras en el informativo, pero quiero comprobarlo por mí mismo y me lanzo a la Gran Vía. Me guío por el cartel de Schweppes para no caer desplomado y que señoras ataviadas con orejeras peludas me pisoteen como una colilla. Desciendo hasta la zona de Preciados y observo una manifa que ríete tú de la que montan los damnificados por Bankia. Ah, que no, que ese tropel de inconscientes hacen noche alrededor de Doña Manolita. La cola da la vuelta a la manzana y varios agentes bracean sin éxito para templar la histeria. Yo nunca fui capaz de acariciar la ventanilla de Doña Manolita, no soy tan valiente. Supongo que la actitud hace mucho. O la pasta. Recuerdo cuando llegué a Madrid y empecé a trabajar justo enfrente. Había corrillos de señoras recién salidas del Barrio de Salamanca que aprovechaban para hacer shopping y merendar porras en San Ginés mientras sus doncellas echaban raíces a la intemperie estoicamente a la caza del décimo. ¡Insensibles!

Martes. La espantada de Pastora Soler era un secreto a voces. Tras una larga carrera plagada de éxitos, la cantante decía un hasta luego muy a su pesar asegurando que no tenía fuerzas para continuar. El estrés, la ansiedad y el pánico escénico podían con una garganta prodigiosa y era momento de decir basta. “La artista se comió a la persona” declaraba su hermano y representante. Sus fans lloraban y suplicaban una explicación, pero Soler se limitaba a pedir tiempo para recuperar la confianza en sí misma, sin fijar plazos y lejos de los focos. Una semana más tarde del comunicado en los perfiles de la cantante, varios medios aseguran que la sevillana cumplirá rigurosamente con lo pactado anteriormente con Televisión Española, donde participará en el programa musical (´Hit, la canción´) que presentará Jaime Cantizano. Pastora afrontará sus obligaciones y después se retirará sin fecha de vuelta. Muchos la esperaremos.

Miércoles. Ya era hora, chica, qué manera de marear la perdiz. Sí, Úrsula Corberó y Andrés Velencoso están liados. Liadísimos. Yo diría que comparten lavabo desde hace más de un año; por mucho que se hayan encargado de sacar morritos y despistar al personal, la policía no es tonta. Que si fotos con el mismo paisaje de fondo en sus respectivas cuentas de Instagram, que si el modelo saliendo de buena mañana y desgreñado de casa de la actriz, que si ella se pone chula y dice eso tan antiguo de “Yo no hablo de mi vida privada”. Venga, hombre, la única razón de peso que se me ocurre para tanto rodeo es la perreta que arrastra Kylie Minogue desde que el catalán la aparcó por una veinteañera con ínfulas de Starlette. Cuando le sacan el tema, la diva del pop responde: “Andrés siempre será el hombre de mi vida”. Angelito. Se me parte el alma.


(Más en Facebook https://www.facebook.com/universovarietes)

07 noviembre 2014

LOLITA, EN TIEMPOS DE CRISIS


De los creadores de El tríplex de Terelu, la revista ¡HOLA! le barniza la ojera a Lolita y la coloca en portada con sus polluelos como parte del atrezzo. La primogénita de La Faraona se adelanta a la extra de Navidad y concede un publirreportaje desnudando su alma previo cheque al portador y caracterizada a lo Norma Duval en sus tiempos de estampa ibicenca. Lolita desentraña su momento actual y se derrumba al recordar sus años más horribilis, los que la llevaron a malvender su cuartel general en una de las mejores zonas de la capital y a mudarse con todos los suyos a un chaletazo de alquiler con estudio de música, piscina y un porche con reminiscencias marbellís donde ha colgado el cartel de Los Gitanillos en honor a sus veraneos de esplendor. “Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor sale por la ventana”, reza la entrevista en referencia a su matrimonio con el cubano Pablo Durán. Casados en 2010 después de enamorarse sobre las tablas, la cantante y el artista multidisciplinar en paro atraviesan una crisis con pocos visos de retorno. Dice ella que las noches sin dormir y el empeño por salir a flote en un océano de pufos les han pasado factura olvidándose el uno del otro. Un desgaste matrimonial que los medios apuntaban desde casi los inicios, pero que ellos se encargaron de desmentir a golpe de bolero en varias ocasiones. La debacle económica y la falta de proyectos laborales de la saga la convierten en el principal sustento familiar, por eso saca pecho en el Teatro Español cada tarde metiéndose con destreza en la piel de La Colometa, un papel que la ha devuelto a primera fila y que la crítica califica como la mejor interpretación de su carrera. La Plaza del Diamante le ha hecho recuperar la ilusión y la confianza en sí misma como actriz, después de hacerse con un Goya Revelación por Rencor y pasar al olvido de directores desde entonces. Su mayor orgullo, sus hijos, Elena y Guillermo, fruto de su relación con Guillermo Furiase y continuadores de la estirpe. Ella, probando suerte en América como actriz; él, acompañando a su madre guitarra en mano por teatros y bolos veraniegos. Los Flores son una piña y después de las grandes pérdidas que han marcado su vida, unen fuerzas de nuevo para salir adelante, hacer honor a su apellido y, quién sabe, si recuperar la llama del amor que se esfumó con los cuartos. A esto se le llama afrontar la crisis con arte. Sarandonga, cuchibiri cuchibiri…