Jueves. Aún disfruto del exilio, pero asomo
la pestaña para saludar y transmitiros mis mejores deseos para el año nuevo. Yo
arrastro el trancazo desde Nochebuena y la cosa no tiene pinta de ir a mejor,
pero me encomiendo a todos los jarabes que anuncia la tele y me doy un respiro
de vez en cuando para salir de farra. A vísperas de Reyes, me hago un tour
exprés de tiendas y me dejo los ahorros cual Terelu en Toys “R” Us, me doy un homenaje de comida basura con A. y remato
la noche con C. y R., hermanas (ellas) y amigas que me recogen cada vez que me
dejo caer por estas tierras para arreglar el mundo a golpe de gin-tonic y mesa
redonda. Nos dan las mil y C. la deja caer:
“Se nos fue la hora, es mejor no salir”. Al resto nos salta un resorte y
nos ponemos en faena. Que vuelen los potingues, la noche gijonesa es nuestra.
Viernes. Las televisiones tiran la casa por la
ventana y abren el 2015 desembolsando dinerales con tal de seducir a nuevos
adeptos y fidelizar a los fósiles que pasamos horas anclados a la caja tonta. Después
del debut de Felipe (Letizio en sectores antimonárquicos) y de las no uvas que
se marcó Canal Sur, el postizo de
Tamara Gorro fue de lo más comentado en redes sociales. Es un clásico; cuando
estamos convencidos de que ha desaparecido del mapa para ejercer de perfecta
esposa y chica humilde venida a más, va la tía y se cuela en galas de José Luis
Moreno compartiendo plano con Paz Padilla. No recordaba algo tan hortera desde Noche de Fiesta.
Sábado. Las quinielas estaban en el aire,
pero eran pocos los que daban por buena la información. Finalmente, la
inminente entrada de Belén Esteban en la casa de Guadalix es un hecho. El
contrato está firmado y el caché (me lo han soplado) bien merece que la de
Paracuellos se deje el pellejo, las extensiones y hasta la vergüenza en el
reality telecinquero de la temporada. “Voy para ganar” dice ella con el dedo
en alto, pero los enemigos públicos se le multiplican con munición suficiente
para hacer de la convivencia un campo de batalla que empuje a la princesa a
chillar eso de “Por mi hija mato, saco
los ojos, me los trago…”. Ya sabéis cómo continúa.
Domingo. Bofetada a mano abierta para el amor
propio de Pelayo Díaz. El it boy que
planeaba hacerse el agosto impartiendo master
class en el Hotel Santo Mauro de Madrid por la módica cantidad de mil
quinientos euros por barba, ha visto cómo su proyecto más ambicioso se quedaba
en agua de borrajas por falta de alumnos. El ex de David Delfín y actual
consorte de una de las cabezas visibles de Vuitton,
presumía en sus perfiles de escapada paradisíaca rodeado de top models y ricos
internacionales, pero era víctima de mofa en su patria por exceso de ego, falta
de escrúpulos para según qué cosas y mucho morro para trotar por estos mundos. “Que hablen bien o mal, pero que hablen”, decía la gran Lola, ¿no?
Lunes. Mientras Ortega Cano abandona la
trena por unos días y se deja ver peliteñido, con camisa de leñador y barbilla
camino de convertirlo en el primer torero hipster,
la heredera del imperio Inditex confirma el divorcio (era un secreto a voces) y
ultima los flecos para salvaguardar el montante y dejar contento al jinete
avilesino tras intentonas fallidas de reconducir su matrimonio. De una gallega
a otra. L. nos comunica vía WhatsApp que nos aparca en Madrid para probar
suerte en París. Me pilla por sorpresa y monto una pataleta al otro lado del
teléfono, pero tras el soponcio, me alegro por ella y organizo
cena-baile-despedida para celebrar sus éxitos por todo lo alto. Estoy seguro de
que le irán las cosas bien y ya sueño con visitarla y hacerme selfies con la Torre Eiffel de fondo. Bon voyage, querida. Te echaremos de menos.
