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12 junio 2015

PREYSLER VS. PANTOJA, DIENTES DIENTES


Son tiempos de comunicarnos por WhatsApp, de hacer la compra desde el metro y de pillar cacho con un selfie en paños menores. Es el mundo al revés para casi todo. Las reinas de corazones siguen siendo las mismas y ninguna it girl de medio pelo termina de conseguir bajarlas del pódium. Hablo de las dos Isabeles, Preysler y Pantoja, number one sempiternas del cuché e historia viva de esta España tan nuestra y tan baja de defensas últimamente. En la pretemporada de tetillas al sol, posados-pactados, bodas, bautizos y comuniones varias, sólo ellas se llevan la palma. Por distintos motivos, pero en la picota una vez más, y lo que te rondaré, morena. Pantoja, de profesión tonadillera y matriarca de ninis, reunía a todos los medios de comunicación y era jaleada cual concierto en Sudamérica al hacer el primer paseíllo en libertad. Tras seis meses con la coleta a la sombra, Maribel se marcaba un dientes dientes con todas las de la ley, nunca mejor dicho. Cabeza erguida, look rojiblanco y bandolera customizada por ella misma en un taller de costura de Alcalá de Guadaíra, la cantante lanzaba besos al aire y dejaba patente, por si había alguna duda en el aire, y matando los rumores de aquella esquina, que queda Pantoja para dar y tomar, que sale reforzada, con unos kilos de más y convencida de que su condena no es más que el caro precio de la fama. Al otro lado de la península, y envuelto en papel dorado, salía a la luz el penúltimo bombazo de la Preysler. Nueve meses después de despedir a su tercer marido, la filipina ocupaba su portada de cabecera junto a su nuevo amigo especial. La noticia daba la vuelta al mundo y Preysler-Vargas Llosa se convertían en cuestión de minutos en la pareja más comentada del momento. El entorno de Isabel cerraba filas al tiempo que la aún esposa del Nobel hacía llegar un comunicado en el que, hablando en plata, se deducía un “¿Pero qué invento es esto?”, que diría Sarita Montiel a pie de juzgado y con el cubano al hombro. Cuenta la consorte en primera persona que su matrimonio va viento en popa, y que recientemente celebraron por todo lo alto sus bodas de oro. Un jarro de agua fría para Preysler, que teje la telaraña de este folletín en el salón de Puerta de Hierro a la espera de que pase la tormenta. Esto no es nuevo para ella; todas sus relaciones han sido cuestionadas, su reputación vapuleada y su imagen en el show bussiness reforzada. El Ferrero secreto de Isabel es un misterio, y lo continuará siendo, si el ¡HOLA! quiere, por los siglos de los siglos. Y amén.