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03 diciembre 2015

LA FORTUNA DE LA ESTEBAN, EN PARADERO DESCONOCIDO


Se ha hecho de rogar, pero ha irrumpido con fuerza y arrasando con todo. Hablo del invierno, esa estación puñetera que he estrenado en horizontal, con la ojera en sepia y el cargamento de antibiótico adornando la mesilla de noche. Con los radiadores echando humo y la doble manta al cuello, me dispongo a escribir estas líneas antes de dejarme arrastrar a los barros en los que hace la croqueta mi estimada Terelu, que semana sí, semana también, ocupa portadas a propósito de sus propios cebos en prime time.  La pequeña Campos ha vuelto a compartir con todo bicho viviente la hecatombe personal y profesional que atraviesa desde los años que reinó Carolo, aquella época dorada en la que se movía entre el wonderbra y el maromo de turno, en la que las vacas eran muy gordas y las noches de La Moraleja muy largas, las procesiones de Semana Santa muy rentables y las fiestas de cumpleaños un bodón gitano. Terelu atraviesa sus horas más bajas y se siente vieja, fea y gorda (sic.). Tanto, que ni el Camu Camu ni el Halibut miniminizan sus penas, ésas que ahoga cada noche entre amigas y copas de balón, con chófer a la puerta y un par de asistentas con la cofia en lo alto que le hacen los honores cuando decide retirarse a su alcoba de Aravaca. Así transcurren los días más negros de Terelu y así nos lo cuenta ella misma, mientras su madre vive su tiempo más feliz y planea mudarse a un adosado con Edmundo, Bigote para la plebe, en cuanto se deshaga de su patrimonio inmobiliario por el módico pellizco de unos seis millones de euros. Quién sabe si le caerá algo a la niña de sus ojos. El ocaso de Terelu se queda en una simple anécdota si hacemos una comparativa con la situación de su compañera de meriendas. Belén Esteban vuelve a primera línea de actualidad y los responsables de Mediaset se frotan las manos para gestionar la bomba que les hará cerrar el año líderes. Una vez más, la estrella de Belén brilla con fuerza y, lejos de apagarse, rellena la parrilla televisiva sine die con su última traición, la de su mano derecha, repre, amo de llaves y amigo del alma, Toño Sanchís. El melenas con pinta de bonachón y discurso aprendido en Ceac podría ser un lobo con piel de cordero que comience a cavarse su propia tumba. Los hechos se remiten al pasado verano, cuando supuestamente y siempre según la versión de la de San Blas, un desajuste en sus cuentas la llevaron a encargar una auditoría. Reunidos sus jefes, gestores y abogados, habrían llegado a la conclusión de que Sanchís no sólo habría movido con torpeza las cuentas de la Esteban, sino que habría metido la mano en dinerillo, comisiones e intervenciones televisivas a espaldas de su gallina más productiva. “Yo era el representante y él era el artista”. Así define la traición la rubia, y así comienza la última tragedia de la temporada, una historia oscura que se debatirá en los tribunales y que todo el país juzgará popularmente desde el sillón y a pierna suelta. Suerte, princesa, y al toro. 

12 noviembre 2015

EL DÍA QUE VICKY ARRASÓ MAIRENA DEL ALCOR

Posiblemente estéis hasta el moño de la que llaman la boda del año, léase el enlace religioso de Evita González y Cayetano Rivera. Habréis seguido el evento en directo, en diferido y hasta en la doble ración de ¡HOLA!, pero sintiéndolo mucho, no me queda otra que cacarear alrededor del asunto, la actualidad manda repite Ana Blanco hace seis lustros en la cadena pública y con el traje sastre intacto. Pues vamos allá. Cómo empezar a hablar del asunto de marras, siendo vox pópuli entre varieteros que no termino de estar en comunión con esta chica. Digo chica sin ningún ánimo peyorativo, aclaro, vayan las buenas intenciones por delante, que tiempo de perder las formas al estilo Belén Esteban siempre queda de aquí al punto final del texto. Como en los mejores cuentos, huevos a las Clarisas mediante, lucía un sol más propio de agosto que de noviembre en Mairena del Alcor, el pueblo que vio nacer a Eva hace treinta y cinco años, y que a día de hoy cuenta con una avenida que lleva su nombre. Los vecinos se tiraban a las calles borrachos de emoción, jaleaban a la puerta de la casa familiar (“¡No colguéis las fotos eh!” replicaba ella), desafiaban a la docena de polis que custodiaban las inmediaciones de la iglesia y hasta compartían sus sentimientos más íntimos ante los micrófonos de los matinales. El bodón prometía, y más tras la llegada triunfal y puntual (qué adorna una rima), del novio, Cayetano Rivera Ordóñez, segundo hijo de Paquirri y Carmina la divina, ambos contemplando la escena desde allí arriba. Una escena que ella, de fucsia y con porte de primera dama, vivió en sus carnes hace la tira de años en Gijón. En aquel momento, una Blanca Romero envuelta en Karl Lagerfeld de arriba abajo, de derecha a izquierda, juraba amor eterno al pipiolo Ordóñez, con posterior fabada asturiana en el hotel paterno (hoy reconvertido en un geriátrico. Maldita burbuja) y la niña que poco después adoptó como propia de testigo. La misma que en esta ocasión se perdió la fiesta, pero que una madrina de verde esperanza y mantilla en todo lo alto aderezó acompañando a su ya yerno vestido de Armani y con gemelos de Loewe al altar. Un altar al que veinte minutos después, llegaba la gran protagonista de la jornada. Eva no defraudaba, y arrastraba escalera arriba con garbo un vestido firmado por Pronovias, regalo de la casa (prendedor cedido por Suárez con doscientos cincuenta diamantes, pendientes valorados en dos mil euros y manicura de mujer fatal para más datos), que, las cosas como son, le sentaba como anillo al dedo. La moza tiene sonrisa inmaculada y conserva las medidas que la coronaron como la más bella del reino sevillano. Ese día se comenzaba a escribir la historia de la que ya ejerce de señora de Rivera, Eva González, modelo ocasional, presentadora en ciernes, imagen publicitaria y carácter de agárrate y no te menees, donde los haya. El temperamento de la sevillana es de sobra conocido y el perfil de sus conquistas son la mejor prueba de ello. Arturo Valls, Iker Casillas o Cayetano son los nombres propios oficiales que han compartido lecho con González, los dos últimos con un perfil bastante similar; hombres introvertidos, abnegados, sumisos y con capacidad de sacrificio y de delegar en su bella dama. Nada que objetar, fuera machismos y clichés patrios, ¡faltaría más! Pero a pesar de resultar maravillosa a la par que sobreactuada, no termino de creerme la carcajada a doble premolar que regala Eva cada vez que ve un flash cerca. Choca, y bastante, el morro torcido que luce como nadie en aeropuertos, tiendas de decoración o el mismísimo interior de su coche en pleno atasco camino a Masterchef. Me

estoy yendo por las ramas, lo sé, y no trato de convencer a nadie de que Evita no es el alma cándida que desearía este país. Vuelvo al paseíllo, y repaso los invitados y crímenes estilísticos de algunos. De azul esplendoroso se salvó de la quema María José Suárez, la única de la cuchipandi que salió airosa con un modelito firmado por ella misma. ¡Si es que esta chica es una monada! Doy fe, yo la venero desde que le dio sentido a la Noche de Fiesta de José Luis Moreno. El resto de amigas, pobrecillas mías, acudieron llenas de ilusión, y eso es lo que cuenta, no se puede acertar siempre, y menos en medio de un pueblo reconvertido en el set de rodaje de Amar en Tiempos Revueltos. Elenita Tablada (¡angelito!), Priscila de Gustin, Raquel Rodríguez, Elisabeth Reyes, Raquel Revuelta y demás ninis de las pasarelas, lucieron palmito, que lo tienen, y lo dieron todo: lágrima en iglesia, selfie con el rabo de toro en el plato y reggaeton a ritmo de Paquirrín en su versión Dj. pasada la madrugada. Más allá de misses, amigas íntimas y compañeras de faenas, tampoco destacaron para bien Vanessa Martín, Pastora Soler, ni Lourdes Montes, cuñada, abogada, diseñadora y esposa a la vieja usanza de Fran Rivera, el hermano mayor, de los Rivera y de toda cofradía que se precie. Como no sólo de mal gusto, encajes, estolas, tocados imposible, rasos carnavalescos y pestañas abanico vive el hombre, apareció a medio día el cisne blanco, Paloma Cuevas, soberbia elegancia y puesta en escena. Lo hacía tres o cuatro pasitos por detrás de esas dos hermanas pegadas a un macetero de dos por dos y con los hialurónicos a punto de arrasar con Mairena del Alcor. Hablo de las Martín Berrocal, Vicky y Rocío, con la primera a la cabeza, y petada de volúmenes hasta el infinito y más allá. Vicky es una mujer excesiva toda ella, vive estancada en el más es más, y así opera desde el día que facturó con el Cordobés. Qué sería de una boda, un bautizo, una Comunión o una caseta en la Feria de Abril sin su impagable presencia. ¡Vivan los novios y viva esa gran mujer que lo mismo diseña vasos de Nocilla que gestiona la Sepulvedana! 

30 octubre 2015

MAKOKE, PRIMARK Y LA CIRUGÍA LOW COST

Viernes. Después de seis meses de retiro, pongo un pie en Madrid y redescubro la gran ciudad a lo Paco Martínez Soria. Me revuelvo con algunos cambios: mi chigre de la esquina es una tienda de comida ecológica, mi frutería una peluquería china, y el garito donde una vez fui víctima de una sesión de radiofrecuencia que me dejó un desnivel importante entre el pómulo derecho y el izquierdo ahora organiza reuniones para captar a nuevos Testigos de Jehová. Es lo que viene siendo Madrid, un epicentro de oportunidades que lo mismo te da una torta a dos manos cuando llegas, que te pellizca y se resiste a que te largues cuando se apagan las luces de la fiesta y ya nadie te saca a bailar. Madrid engancha y la OMS debería costear un par de BlaBlaCar al año que incluyan paseo por la Gran Vía, habitación con baño y tarifa plana de mojitos en Malasaña. En este regreso al pasado más reciente, me reafirmo en que los pitillos están causando estragos (los pantalones, no los canutos, que también), y lo que te rondaré morena. La moda hipster (subcultura absurda donde las haya) de me sobran tres tallas arriba y me faltan abajo siguen instaladas en la zona comercial y en parte de la periferia. Mi propia madre, que es una visionaria, ya relaciona el petazo de los vaqueros con la infertilidad de los jóvenes españoles. Ahí lo dejo, quizá no sea ninguna tontería. El caso es que, pitillo arriba, pitillo abajo, en este momento no eres absolutamente ni el tato, más bien un mindundi, si no cargas media docena de bolsas de Primark en cada mano mientras miras al infinito de Fuencarral y agitas el tupé perfectamente organizado con premeditación, nocturnidad y alevosía. Ya que he metido la puntita, allá voy. Sí, señores, aquí el que les habla ha sido uno de los que desafió a la gravedad y se jugó el tipo por corretear en el huevillo de oro del mítico número 32 del Grupo Prisa. El mismo que un día curró día y noche en el mismo edificio y juró que nunca volvería a sufrir agorafobia por hacerse con un trapo low cost, pecó como el resto de los mortales y se metió hasta la cocina bolsa al hombro. La experiencia ni fu ni fa, un recorrido entre morralla, morralla y más morralla, en el que si los astros se alinean, puedes toparte con la prenda estrella de la colección, y ya si tu talla está disponible, para qué queremos más, ¡es tu día de suerte! ¡tu mes! ¡tu año, qué coño! Paso por caja número 8 y cuando abandono el local, me arrastro hasta la primera cervecería de turno para coger aire, zamparme un ansiolítico y repasar la broma que ya me han cargado a la cuenta. Uno que es un pelín masoca, va y decide leer opiniones, artículos y foros acerca del boom #primanía que causa furor, ataques de ansiedad y tirones de pelos entre gran parte de la sociedad. Me encuentro generalmente con topicazos que nos remontan a niños de Bangladesh cosiendo en condiciones infrahumanas y en los que fomentamos esa basura. Al otro lado, otros barren para casa y se excusan en que nuestra propia sociedad nos ha empujado a consumir ese tipo de producto y caer rendido a una oferta a la que no nos podemos resistir, casi siempre, porque no nos queda otra y la cartera manda. Conclusión: quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra. El mundo no lo manejamos los que nos dejamos el sueldo en un Zara, un H&M o un Caprabo.

Sábado. Pasadas las doce, me esperan en mesa redonda E., JK., y toda la comitiva. Con los besos repartidos y el “Cuánto tiempo sin verte” correspondiente, surge el tema de la noche: los retoques estéticos. Podría haber fluido porque sí o haber sido una simple consecuencia del gintonic, pero había una razón de peso. No una, sino varias. JK., muy a su pesar de que yo lo esté vomitando en esta humilde columna, había pasado por boxes y tal acontecimiento no se podía pasar por alto. Hablamos unos encima de otros, preguntamos, debatimos varios decibelios por encima de la música, y terminamos echando mano a la carne. Que si un abroche de orejas por aquí, que si una nariz chata por allá… El momento cumbre de la jornada llegó cuando JK., sin despeinarse, soltó por esa boquita que Dios le dio y un futuro cirujano plástico le rematará: “La técnica que más se utiliza ahora mismo en mi país es la de ponernos los ojos como los tuyos, por ejemplo. Será lo próximo que haga”. Atónito respondo: “¿Los ojos cómo? ¿Redondos, quieres decir?”. “Noooo, hombre, claritos. Te hacen un trasplante de córnea y eliges el azul que más te guste”. Las carcajadas resonaron sobre los bafles y decidimos irnos con la música a otra parte.

Miércoles. Ya en casa, me pongo al día con la colada, los correos sin responder y la compra semanal. Entre medias, enciendo la televisión y echo un vistazo a las revistas del colorín. Nada reseñable, ni en un sitio ni en el otro. Preysler más planchada de lo habitual confesando que ya planea boda (y van cuatro) con el Nobel degollado; Pedroche y el chef de la cresta casándose en el trastero de su casa en zapatillas, vaqueros y con la exclusiva pactada previamente, y un nuevo elemento en el universo Sálvame, un animalillo al que despellejar y echar a los gatos de Karmele convertido en fiambre. Hablo de Makoke, ese mujerón que habla poco y mal pero que luce pierna como nadie. La bendita ha fichado por el programa para cubrir la enésima baja de su chico (ella le llama marido), léase Matamoros (Coto no, el otro). La chica, menos rubia que antaño, pero con la misma comprensión oral que cuando removía bolas en el Telecupón de Carmen Sevilla, aguantó estoicamente a la banda de enfrente, cargada hasta las cejas de cañones y repartiendo a diestro y siniestro sin piedad. Encabezando el eje del mal al que hasta hace bien poco también pertenecía Matamoros, estaba Mila Ximénez, la señora que mata moscas a cañonazos y que lo mismo compartía mesa y mantel con la susodicha, que se desgañita ahora como si no hubiera un mañana defendiendo máximas del tipo: “Eres cortita. Eres una sinvergüenza. Eres muy chula. No trabajas desde que terminó el Telecupón. Eres la mano que mece la cuna”. Y así, en el fragor de la batalla, la Esteban entró en acción, el director intervino para azuzar más si cabe y la mismísima Sor Ángela de la Cruz (alias Terelu) sentenció con deje andaluz: “Makoke, hija, a mí no me convences, y eso que eres amiga mía”. A perro flaco, todo son pulgas, dicen. Suerte, guapa. Te va a hacer falta.

21 octubre 2015

TINDER ACABÓ CON EL AMOR Y ´TCMS´ CON EL ´DELUXE´


Sábado. “Necesito airearme un poco. Este finde me planto ahí”. Dicho y hecho. C. y su macuto entraron por la puerta como un elefante en una cacharrería y con la ilusión de una novata. Al observarla detenidamente, entendí que lo de airearse era una necesidad de primer orden en este momento en el que se mueve entre libros y cortejos de biblioteca. Le hice los honores e improvisé una burger party a lo Alaska y Mario, pero con menos rosa y sin cámaras de televisión en el cogote. K. y A. se unieron a la causa y le hicieron un traje importante al sector masculino de la población. En mi propia cocina presencié la conversación de tres mujeres con poco en común a priori, y con historias sentimentales muy paralelas. Apuré los postres y di paso al primer gintonic de la noche. Las lenguas se soltaron y la barra libre derivó en confidencias, carcajadas y pocas conclusiones excepto lo jodido (con perdón) que está el mercado. Con la pestaña en su sitio, tiramos millas hacia el primer garito y bajamos los hidratos a ritmo de Ricky Martin.

Domingo. Cae en mis manos un artículo titulado “Cómo Tinder acabó con el amor” y recuerdo alguna frase suelta de la noche anterior. Recoge el texto varios testimonios de sociólogos, expertos en la materia y jóvenes que han tenido citas con desconocidos a través de una app. Las opiniones están divididas. Mientras unos apuntan que estas aplicaciones forman parte de una nueva manera de entablar relaciones personales en estos tiempos, hay quien está seguro de que no hace más que complicar la historia. “Nunca fue tan fácil ligar y nunca más difícil encontrar el amor verdadero. El exceso de oferta engancha a muchos en un bucle de ligoteo a la caza de la pareja ideal… que jamás llega”, concluye el artículo. Al final va a ser verdad que la tecnología se lo ha cargado todo. Siempre nos quedarán las letras de Alborán o los aparatos a pilas.

Lunes. Centrándome en relaciones al uso, leo por encima la ruptura/reconciliación/desmentido que corre esta semana por las televisiones. Hablo de Malú y Gonzalito Miró. Y ahora diréis, ¿y a quién le importa? Vale, pues es verdad, posiblemente a nadie, pero es lo que hay. El caso es que estos dos juegan al despiste desde el principio y eso da un poco de miga a algo que, en mi opinión, tiene menos futuro que las extensiones de Belén Esteban. La cantante y el eterno galán protagonizan una historia de amor sospechosa, rara y aburrida. Quizá porque ambos reúnen estas características, y ahí resida el secreto del flechazo. Con lo bien que estabas en palacio, Gonzalito de mi alma, haciendo las delicias de la duquesita. Snif, snif.

Martes. Después de darle muchas vueltas, ha llegado el momento: estreno compañera de piso. He movido Roma con Santiago, pero estoy satisfecho con la elección. Es cincuentona pero conserva la talla de antaño, su divorcio ha ocupado titulares en todo el mundo, es una amante de la moda y en otra vida ya nos hemos topado. El reencuentro ha resultado maravilloso y la convivencia va como la seda. Come poco, es limpita y a veces me quedo en trance al contemplar sus perfectos rasgos de transexual latina. Es Barbie y dormirá sobre mis libros de cabecera de hoy en adelante.

Miércoles. Los viernes Deluxe están en la cuerda floja y los responsables del entramado Sálvame echan los restos para sacar a flote el programa que lideró hasta hace bien poco. Podrían tirar de una Bordiú que cotiza a la baja y siempre adorna, o de una gran estrella que repase sus vivencias y ponga contra las cuerdas a alguna antigua compañera de profesión, pero no. Los telecinqueros tienen claro lo que vende, y se han puesto manos a la obra. De los creadores del supuesto cubanito con el que desfogó Lydia Lozano en un baño de La Habana, llega el primer novio de la Esteban, un tal Juan Carlos que estaba tranquilito en San Blas, y que los propios jefes de la rubia sacarán del barrio para sentarlo en el sillón de los horrores a cambio de parné, asegurándose así el belenazo y la resaca del lío de marras, máquina de la verdad incluida. En tiempos de guerra, cualquier trinchera es buena. Pues eso.

09 octubre 2015

DE CARRIE BRADSHAW A MILA XIMÉNEZ

Martes. Una semana después de campar a nuestras anchas en un cine de algún lugar indeterminado, C. y servidor tiramos de videoclub y de sofá para una sesión intensiva de cine. Como de dramón andamos sobrados, nos decantamos por Sexo en Nueva York versión película; la uno, la dos, y porque la tres aún no se ha parido, que si no también. Lo que esperábamos que fuese un paseíllo por las nubes encima de unos buenos Manolos, termina siendo una tragicomedia en la que, por aperecer, apareció hasta el espíritu de Penélope (el cuerpo también), en forma de cameo. Papeles de relleno aparte, la historia de las cuatro neoyorkinas llevada a la gran pantalla demuestra que más allá del lujo elevado a la máxima potencia, de la frivolidad con la que operan y de su particular visión del amor, el sexo y el éxito, todos y cada uno de los mensajes que lanzan, arañan el corazón y alertan al sistema. No se me ha ido la cabeza, vaya por delante, pero creo firmemente (que diría Susanna Griso) que cualquier ser humano con una experiencia vital entre mediocre y estándar, ha sufrido en sus carnes las inquietudes, los miedos y las decepciones que, envueltas en Vuittones maravillosos, padecen Carrie y sus amigas.

Miércoles. De un pelín menos de glamour se cubrió la Gran Vía madrileña anoche. Podría tratarse de un cumpleaños más de María Zurita, la única española que celebra los cuarenta varias veces al año, pero nada más lejos de la realidad. La protagonista de la noche no es otra que Mila Ximénez, esa señora que un día se hizo llamar de Santana y que, por obra y gracia de la crisis, nos regala cada tarde la mejor versión de sí misma. Mila tiene una verborrea que engancha, conecta con el espectador a golpe de escupir sin piedad al primero que pasa, y ha nacido con el don de darle la vuelta a la tortilla en beneficio propio cuando se le antoja. La sevillana puede pasar de llamarte cariño y ponerte ojitos, a declararte la guerra en cuestión de minutos y tacharte de perra judía porque le sale del mismísimo. Volviendo a la convocatoria, la Ximénez ejercía esta vez de imagen de una línea de cosméticos. Sí, sí, como os lo cuento. Como una Preysler más de la vida, Mila abrió y cerró el Museo Chicote para marcarse un flamenquito con su séquito de amigos, compis de plató y enemigos de ocasión. Por allí se dejaron ver Terelu y su caftán, Raquel Bollo (empresaria de moda), el Padre Ángel (una fiesta no es lo mismo sin él), y la mismísima Rociíto, Rocío Carrasco de un tiempo a esta parte. La hija de la más Grande se dio una ducha, y con lo puesto, se presentó en el photocall y estrujó a la gurú de la crema emocional (sic.). Envuelta en polémicas familiares, planeando una boda a la que no parece que asista ni el tato de su sangre, y devuelta al desempleo sin prestación como tantos, Rociíto se entregó a la juerga y dejó de lado el currículum televisivo de su nueva mejor amiga. La misma que ha protagonizado a media tarde recreaciones tan célebres como los gallos de Chayo, las bajas pasiones de Amador o la forma en que su hermano Josefer hacía de vientre sobre los visones de la Jurado. Ahora, que alguien me lo explique.

Jueves. No corre mejor suerte con los volantes la Pantoja, esa tonadillera que ya sólo canta en el patio de prisión y a la que se le presenta un horizonte más negro fuera que dentro de chirona. Coincidiendo con su tercer permiso penitenciario y cerca de obtener el tercer grado, Isabel prepara el pollo a la Pantoja con un percal familiar sin visos de mejora. Mientras su hijo dj. agoniza mediáticamente por los platós cubriéndose de gloria y con su última churri encinta, la pequeña Chabelita monta un circo y le crecen los enanos. Y no hablo de Sema, que terminará siendo el menos tóxico del clan pantojil, sino de la arequipeña que entra en escena en calidad de supuesta madre biológica de Andrea Celeste, María Isabel cuando pasó a manos de Pantoja. El tsunami peruano se ha convertido en un conflicto internacional y amenaza con arrasar Cantora dejando varios cadáveres por el camino. Lo de Falcon Crest era cosa de niños, creedme.

06 octubre 2015

ÚLTIMO VERANO DE JUVENTUD


Viernes. “Último verano de juventud”. Así titula Jorgejá su segunda novela (¿?), y así se explaya uno en las fiestas patronales por si resulta ser ídem. El último verano de J.J. me lo zampo de cabo a rabo, la segunda entrega de una historia autobiográfica con pinceladas de ficción, que no termina de convencer a la crítica, pero que tiene su punto. La incursión del rey del cortijo en artes varias, va más allá de firmar un libro de vivencias, pasados oscuros y viejos éxitos que cualquier vedette de cuarta publica justo después de caer en el olvido del último españolito de a pie. Lo de Vázquez lo catalogan algunos expertos como un exceso de ego, lo que viene siendo un porrón de complejos que uno intenta minimizar al compartirlos y fomentar la risotada en torno a ellos. Una contradicción pura y dura, que cobra sentido cuando avanzas capítulos y empatizas con su forma de vivir la noche, sus limitaciones para establecer relaciones personales y su particular infierno cuando se apagan los focos. Dos libros, una escuela de canto, un taller de presentadores y una obra de teatro protagonizada por él mismo que ya gira por España al rebufo de Rosa Benito y su polluela. Se hace el silencio y mi madre sentencia: “A otros les da por abrir discotecas”. Amén.

Sábado. Del chute novelesco me traslado al patio de butacas de un cine de las afueras. Convenzo con malas artes a C. para que me acompañe a ver “ma ma”, lo último de Penélope Cruz en estas tierras. Después de seis años alejada del cine español, la niña mimada de Almodóvar lo da todo a las órdenes de Julio Medem a la espera de que el público se rinda a sus pies. De momento, C. y yo somos los únicos que habitamos la sala, así que mascamos chucherías a dos carrillos, compartimos impresiones en voz alta y colocamos las piernas en alto. El drama de Medem arranca con fuerza, como el de Jorge, pero pierde fuelle a medida que las escenas se van sucediendo, dejándote un sabor de boca amargo y la frustración de no haber sido capaz de agarrar el kleenex en ningún momento de la película. Podría echarle el camión de la basura a Pe, pero qué necesidad. Su capacidad para emocionar es tan sospechosa como su romance con aquel bigardo de la cienciología.

Domingo. Ejerzo de anfitrión y preparo la cena para A. Le hago los honores a la invitada y hasta enciendo una vela aromática al lado de la pizza congelada y la ensalada de bolsa. Dios no me ha llevado por el caminito de la buena cocina, pero A. me aprecia y se deshace en elogios sobre mi destreza con el resto de tareas domésticas. Terminados los postres y con los platos a remojo, decidimos pasar por boxes y lanzarnos a las calles. Con las dos camas vacías de María Jiménez de fondo, A. pronuncia unas palabras desoladoras frente al espejo de mano: “Me veo fea, vieja y con cara de pobre”. Trago saliva y no me pronuncio, pero ella se consuela sola: “No hay nada que no solucione un buen tacón”. Y así fue, como en los viejos tiempos.

Lunes. Me muevo entre resacas, prensa atrasada y cambio de armario. No soy yo de esos que bajan al trastero las hawaianas y suben los plumas, pero me hace ilusión tirar el armario abajo a dos manos y redoblar una a una las prendas de invierno. Un toc como otro cualquiera con el que convivo sin problemas y que me mantiene ocupado toda la tarde. Para hacerlo más ameno, tiro de Google y me empapo alguna actuación de Tu Cara Me Suena. El formato que arrasa los viernes y que mantiene en vilo a los Paquirrines y Chabelitas de enfrente, cuenta con Falete en sus filas. Más allá de caballitos de mar, uñas de porcelana y actores de cine para adultos, he de recalcar que Falete es un artista de primera fila, y que confío en que su carrera retorne en lo que se merece, volver a ser lo que quizá nunca se ha creído ni él mismo; un grande. 

22 septiembre 2015

TODOS SOMOS TERELU, Y LO SABES

“Terelu atraviesa una decadencia profesional, personal y física. Todos somos Terelu”. Así reza el último WhatsApp que conservo de estos meses de asueto que me he marcado para reencontrarme conmigo mismo, que dirían las viejas glorias del destape para justificar un parón en seco por falta de ofertas. Un servidor, que está a medio camino entre lo de vieja y lo de gloria, continúa dándole vueltas a la situación de Terelu y busca respuestas en voz baja. Volviendo a la primera persona del singular antes de que se me echen encima los puristas del léxico, hago examen de conciencia en cuanto al grado de responsabilidad que tenemos algunos del descenso a los infiernos de esta gran mujer. Va a ser verdad que el éxito ajeno no acostumbramos a celebrarlo, pero la miseria nos sirve para regodearnos y terminar de pisotear esa colilla que se resiste a apagarse. Quizá tengamos que remontarnos a esta teoría tan manida (me da por el saco esta palabreja, me buscaré un sinónimo), para alcanzar a comprender (coletilla registrada por la Campos), cómo hemos llegado a esta situación. Y digo hemos con la boca llena y convencido de que todos hemos aunado fuerzas para darle el último empujón al borde del precipicio a la estrella en ciernes, a la eterna promesa de los medios, a la hija pródiga, al mito erótico de todo camionero en ruta, al icono de estilo que marcó una época, a una dama hecha a sí misma delante y detrás de las cámaras, a alguien que barre en audiencia a la par que es detestada en las cocinas de todo el país, un país que se le lanza al cardado sin piedad y termina haciendo el pino puente en el generoso canalillo de la pequeña gran heredera. Suelto toda esta sarta de paridas porque confío en que todos y cada uno de nosotros hemos sido, somos y seremos Terelu en alguna ocasión. Forma parte de la vida y del vaivén al que estamos sometidos en este viaje. El verdadero problema surge cuando a la crisis profesional se une la sentimental, las carnes dejan de acompañar y millones de espectadores son testigos de cómo haces la croqueta en el fango en hora punta. Desde aquí animo a esta chica a reinventarse, recuperar la soberbia perdida y lanzarse a las pistas de la capital sin miramientos, sin miedos y envasada al vacío como si no hubiera un mañana. Recuperada en ese sentido, el resto vendrá rodado; las productoras se desharán de la cacatúa de la lengua larga y la falda corta, y los empresarios venidos a menos le echarán la caña de nuevo y se asomarán al balcón de Semana Santa para la foto. Si mis consejos decide pasárselos por el qué tiempo tan feliz, le recomiendo encomendarse a profesionales de la causa, señoras que no bajan la guardia y salen airosas de las trincheras una y otra vez; véanse Eugenia la duquesita, Preysler, Martita Sánchez o la mismísima Pantoja, que baila por sevillanas en Alcalá de Guadaíra con el mismo ímpetu que Rajoy hacía la conga estos días en la boda gay de la derecha. Ánimo y al toro, querida. No olvides que piojos con menos clase han resucitado. 

12 junio 2015

PREYSLER VS. PANTOJA, DIENTES DIENTES


Son tiempos de comunicarnos por WhatsApp, de hacer la compra desde el metro y de pillar cacho con un selfie en paños menores. Es el mundo al revés para casi todo. Las reinas de corazones siguen siendo las mismas y ninguna it girl de medio pelo termina de conseguir bajarlas del pódium. Hablo de las dos Isabeles, Preysler y Pantoja, number one sempiternas del cuché e historia viva de esta España tan nuestra y tan baja de defensas últimamente. En la pretemporada de tetillas al sol, posados-pactados, bodas, bautizos y comuniones varias, sólo ellas se llevan la palma. Por distintos motivos, pero en la picota una vez más, y lo que te rondaré, morena. Pantoja, de profesión tonadillera y matriarca de ninis, reunía a todos los medios de comunicación y era jaleada cual concierto en Sudamérica al hacer el primer paseíllo en libertad. Tras seis meses con la coleta a la sombra, Maribel se marcaba un dientes dientes con todas las de la ley, nunca mejor dicho. Cabeza erguida, look rojiblanco y bandolera customizada por ella misma en un taller de costura de Alcalá de Guadaíra, la cantante lanzaba besos al aire y dejaba patente, por si había alguna duda en el aire, y matando los rumores de aquella esquina, que queda Pantoja para dar y tomar, que sale reforzada, con unos kilos de más y convencida de que su condena no es más que el caro precio de la fama. Al otro lado de la península, y envuelto en papel dorado, salía a la luz el penúltimo bombazo de la Preysler. Nueve meses después de despedir a su tercer marido, la filipina ocupaba su portada de cabecera junto a su nuevo amigo especial. La noticia daba la vuelta al mundo y Preysler-Vargas Llosa se convertían en cuestión de minutos en la pareja más comentada del momento. El entorno de Isabel cerraba filas al tiempo que la aún esposa del Nobel hacía llegar un comunicado en el que, hablando en plata, se deducía un “¿Pero qué invento es esto?”, que diría Sarita Montiel a pie de juzgado y con el cubano al hombro. Cuenta la consorte en primera persona que su matrimonio va viento en popa, y que recientemente celebraron por todo lo alto sus bodas de oro. Un jarro de agua fría para Preysler, que teje la telaraña de este folletín en el salón de Puerta de Hierro a la espera de que pase la tormenta. Esto no es nuevo para ella; todas sus relaciones han sido cuestionadas, su reputación vapuleada y su imagen en el show bussiness reforzada. El Ferrero secreto de Isabel es un misterio, y lo continuará siendo, si el ¡HOLA! quiere, por los siglos de los siglos. Y amén. 

21 mayo 2015

TERELU, LA ÚLTIMA QUE NOS HAN COLADO

Miércoles, las cinco y siete minutos. Contemplo llover como si no hubiera un mañana mientras me pongo un café solo con doble de azúcar y me encomiendo a lo último de Alejandro Sanz vía Spotify. Así podría comenzar la columna de Carme Chaparro en Yo Dona, pero va a ser que no. Arriesgándome a que algunos me mandéis a la papelera de reciclaje sin posibilidad de retorno, me veo en la obligación de reflexionar sobre los últimos avatares de Belén Esteban. Por primera vez desde que apareciese en nuestras vidas para quedarse, la tía me tiene descolocado. Entiendo eso de que tenga el guapo subido al quitarse unos cuantos kilos (eso dice ella), pero cuando se explaya sobre su vida sexual me corta el rollo. La princesa conservadora, tirando a jurásica en esto de las bajas pasiones, ha mutado en una Olvido Hormigos de discoteca, su gran adversaria. Y si no que alguien me explique a qué vienen sus últimas declaraciones a propósito de su nuevo estado civil. Soltera sin visos de reconciliación con el Míguel, pero compartiendo colchón cuando el hambre aprieta, como hizo también, según sus propias palabras, en los tiempos de Dani Dj. o Fran Álvarez. La misma que hace dos telediarios agarraba el bolso y se iba del plató cuando Jorgejá hacía alguna mención a sus artes amatorias, ahora se encumbra como la princesa de los camioneros de España y cambia el “Por mi hija, mato”, por el “Este cuerpo tiene mucho que dar y que recibir”. De las contradicciones de Belén a la buena nueva que anuncia una de sus vecinas de San Blas. Hablo de Sofía Mazagatos, integrante de la cuchipandi de la Mariví y la Tina antes de retornar en miss y codearse con señores mayores de cuestionable sex-appeal. Metida a mayorista de naranjas valencianas y sin pareja conocida, la del candelabro anuncia embarazo en solitario y promete proverbios que pasarán a los anales del colorín cuando se celebre el alumbramiento y empuje el carrito por el barrio de Salamanca a la vera de Chelito García Cortés. No tan rebosante de felicidad parece que esté mi estimada Terelu, a la que atribuyen una nueva ruptura sentimental con el último que asomó el cogote al balcón de Semana Santa. Las Campos son clásicas en eso. Oficializan sus relaciones mientras pasa la Virgen de la Candelaria, y luego se deshacen del sujeto sin dejar pruebas y en silencio. De momento, ella desmiente la información en Twitter, pero teniendo en cuenta su poco feeling con la publicación, podría tratarse de un azote a mano abierta al director de la revista, con su correspondiente versión de los hechos en su programa. Habrá que esperar. Yo, por si acaso, mato el tiempo tragándome las aventuras de Carrie Bradshaw y termino haciendo uso de mi vena consumista a través de Internet. Lo de las compras online es la última que nos han colado. Llenamos el carrito y esperamos pacientemente a recibir al mensajero de turno. Cuando llega el momento de abrir el paquete, estamos tan embobados que se nos olvida completamente que ya nos lo han descontado de la cuenta. Hay que ser idiotas. Buena tarde, y suerte a los eurovisivos (…).

07 mayo 2015

CLAUDINE, LA CARTERA ATEMPORAL

Crear una cartera atemporal fue el punto de partida de la marca. Así nació Claudine, una firma española que fabrica a mano sin salir de nuestras fronteras y que ha revolucionado el mundo de los complementos. Su alma máter, Laura Pons (Claudine es su segundo nombre en homenaje a su abuela paterna), no es nueva en esto del diseño. Con casi una década de experiencia al lado de nombres consagrados como Antonio Miró o Carmen March, la mallorquina prueba suerte en solitario creando carteras, clutches y bolsos en tejidos nobles como el tweed, el terciopelo o la seda, y los adorna con bordados personalizados a gusto del cliente. La pata de gallo, los motivos geométricos o las lenguas mallorquinas son algunos de sus estampados más célebres. El tuyo siempre está por llegar. Calidad y exclusividad para accesorios que nunca pasan de moda. ¿Os habéis rendido ya a sus encantos? Venta online.
















05 mayo 2015

LOS PANTOJA, LOS PECES Y LOS PANES


Sábado. No siempre todo es lo que parece. Me atrevería a decir que casi nunca. En todo currículo vital suelen almacenarse socavones negros que, en ocasiones, no salen a la luz jamás. Esto es lo que hubiese deseado Nicole Kimpel, pareja hasta el momento de nuestro Antonio, y enemiga íntima de Melanie, la rubia enclenque que conquistó el corazón de los españoles encaramada al cogote del malagueño con ojitos de cordero degollado. Kimpel no luce tan rubia ni tan enclenque, podría ser la antítesis de la actriz: regia, con medidas de top model y erguida como una alta ejecutiva recién salida de Beverly Hills. Volvamos a lo de las apariencias, que casi siempre engañan. Cuenta La Otra Crónica de El Mundo que Kimpel habría hinchado su currículo con destreza frente a los medios y, quién sabe, si también frente al que la propia chica ansía que un día no muy lejano se convierta en su marido. Nicole se presenta como una chica tímida que prefiere permanecer en segundo plano, pero los tabloides ya se hacen eco de que su trayectoria en banca privada y sus éxitos como presentadora de televisión no son más que un fraude al estilo Anna Allen petada de brilli brilli en los Oscar (desaparecida en combate desde que se destapase el pastel). Según su entorno, la holandesa tendría un claro objetivo desde que hace un año intimase con Banderas en Cannes; pasar por el altar e instalarse a todo tren en Hollywood, como habría hecho en otro tiempo su hermana gemela con otro actor. Con Melanie despechada y arrancándose a jirones la tinta china que adornaba su piel, y Doña Ana (la que parió a la estrella malagueña) en contra de la posible boda, Antonio pone buena cara y se centra en su nuevo proyecto, formarse como diseñador en Londres en la misma escuela que despuntó Pelayo Díaz. No haré comparaciones.

Lunes. Regreso de un puente que prometía ser largo, tranquilo y dedicado a finiquitar el novelón que me llevo metiendo entre pecho y espalda un mes. Finalmente, el marcapáginas permaneció petrificado mientras servidor se lanzó al terraceo, a los reencuentros, a las cenas y a los gintonics. La primavera nos echa a perder.

Martes. Mientras medio mundo celebra el nacimiento de Carlota Isabel Diana de Cambridge, la segunda hija de Kate Middleton y Guillermo de Inglaterra, por nuestras tierras el ambiente de bombos se caldea a la velocidad de la luz. Por un lado, Sergio Ramos y Pilar Rubio anuncian vía Twitter y en varias lenguas, por eso de aparentar celebrities internacionales, la feliz noticia de que a finales de año se convertirán de nuevo en papás. La pareja no consigue levantar demasiadas pasiones con su exclusiva, y menos cuando salta el gordo en los programas de televisión y las revistas del colorín, que se dan guantazos a mano abierta por lanzar la noticia. Sí, amigos, ya es oficial, Paquirrín lo ha vuelto a hacer, y su última churri está encinta. Con la matriarca en chirona, la pequeña del alma pasando penurias en Honduras y los dandis Rivera reclamando los trastos de Paquirri a voz en grito, el pinchadiscos del pueblo e Irene Rosales traerán al mundo próximamente al que será el tercer nieto de la tonadillera. Los Pantoja se multiplican como los peces y los panes. Que alguien haga algo.

29 abril 2015

SIN MIEDO DE NO VOLVER A VERSE

“La felicidad es separarse y no tener miedo de no volver a verse”. Así arranca el último libro que me hace trasnochar y así me enfrento de nuevo a la hoja en blanco tras el parón, sin miedo a volver a veros y convencido de que la felicidad va y viene para no hacernos dependientes de ella. En este tiempo he reordenado bártulos y sentimientos cual mi estimada Terelu pero sin cofias a mi merced; he aparcado la capital sin salir trasquilado y con una sonrisa. He vuelto en calidad de turista y la he disfrutado como nunca, con la perspectiva que te da el estar de paso, redescubrir lugares y personas. He almorzado con D. en un sitio único (ella sólo me lleva a sitios únicos), y me he marcado un par de correrías nocturnas con E., S. y cía. A una hora indeterminada de una de esas noches, me topé con la duquesita entregada al cortejo a la luz de la luna. El maromo era anónimo, al menos para mí, pero apuntaba maneras de convertirse en el próximo progre que haga la entrada triunfal en palacio. Palacio, que por otra parte, anda revuelto desde que la gran Cayetana no lidia entre unos y otros. El nuevo duque de Alba ha tomado las riendas del patrimonio y ha reorganizado el organigrama familiar, dejando a algunos hermanos, sobrinos y parientes (según algunas voces de vecindona) con lo puesto en las aceras de la calle Princesa. “Hay sitio para todos”, le soltaba una inocente reportera a pie de semáforo; “No, no lo hay, no se crea”, respondía el noble sin despeinarse. Prueba inequívoca de que no son buenos tiempos para nadie, excepto si te llamas Alfonso y un día no muy lejano ejerciste de funcionario con ínfulas de señorito andaluz. Cambiando de tercio, en este tiempo no hemos tenido oportunidad de debatir en mesa camilla (a lo Encarna) la clausura de la casa de Guadalix y el empalme con la aventura hondureña. De lo primero he de decir que me mantengo en mis trece, aunque me mandéis a la hoguera sin piedad. La Esteban se merecía el podium, y su pueblo así lo ha decidido. Cosas de la vida, a la salida no todo lo que la esperaba era tan rosa como su camiseta de cada gala (Andrea, te quiero). Sus compañeros se habían cebado con su persona/personaje catapultándola una vez más como juguete roto del medio, ese término tan manido y rancio que los adversarios utilizan cuando se quieren autoconvencer de que la princesa está tocada y hundida, que diría Víctor Sandoval (¡Nacho Polo, Nacho Polo!). El Míguel tampoco había estado a la altura en su papel de Rodríguez, y en lugar de guardar ausencia en el adosado de Paracuellos, se habría estado desfogando con enfermeras, doctoras, camareras y las que están por entrar en escena. Un nuevo mazazo para Belén, que sirvió como cebo para su enésima reaparición y que hizo las delicias de la audiencia tras casi tres horas intensivas de sofá con la estrella que nunca termina de apagarse, les pese a muchos. La otra princesa también ha sido noticia. Ah no, perdón, que ya no es princesa, sino Reina, qué lapsus más tonto (prometo que ha sido real). No ha generado titulares importantes más allá de ocupar portadas por su nuevo look. Letizia, o Doña Letizia, como prefiráis, optó por deshacerse de su media melena y presentarse en unos premios organizados por una revista de mujeres, con un corte bob que dio la vuelta al mundo. Su país se volvía a dividir y había opiniones para todos los gustos. Muchos vieron una intención mucho más allá de un cambio capilar; Letizia enterraba a la princesa y daba paso a la Reina que ansiaba ser, y que ya era. Volviendo a mi visita exprés a Madrid, aproveché para conocer de primera mano las propuestas de Mango para el próximo Otoño/Invierno. En una primera planta con vistas al barrio de Chueca, varias estilistas de la firma nos mostraron las colecciones de mujer, caballero, niño y Violeta, la línea que lanzó la sobrina del jefe para mujeres como Vicky Martín Berrocal. O eso supongo al verla ejercer de imagen. Aunque si nos ponemos así, también anuncia Nocilla, ¿no? El caso es que hay que aprovechar las oportunidades y montarse en los trenes de la vida, porque, al contrario que con el metro o el bus urbano, nunca sabes en cuántos minutos pasará el siguiente. Gracias por no bajaros de esta ruta. Una vez más. 

20 marzo 2015

¡DILE AL MIGUE QUE TE COMPRE LA MALETA!


Mientras media España no pega ojo consultando con la almohada viscoelástica si el Migue le habrá comprado o no la maleta a la Andrea, servidor llena macutos y cajas de cartón para ir con las varietés a cuestas a otra parte. En ésas estoy, inmerso en un universo ciclotímico de emociones, que lo mismo me da por pasar el mocho como si no hubiera un mañana, que por dejarme las cuerdas berreando los hits de Paulina Rubio. Me reconforta saber que por estos mundos todo sigue en su sitio y que donde quiera que vaya, os sentiré cerca. La blogosfera va a terminar siendo como la casa de Gran Hermano, por eso de que todo se magnifica y la convivencia con desconocidos va más allá de un feedback dos punto cero. Aprovechando un chute de wifi a la espera de que el camión transporte mis trapos, libros viejos y potingues varios, me dispongo a repasar los últimos avatares para no perder la costumbre; los ajenos y los propios. No hay mejor terapia que compartir tus alegrías y tus debilidades con los demás. Volviendo a Guadalix, qué me decís de la inminente final del concurso. Quizá os echéis encima sin piedad si me declaro belenista, pero lanzo una pregunta: ¿acaso me queda otra opción? La respuesta es clara. No. Vaya por delante que la Esteban es la antítesis de los buenos modales, la cultura, las inquietudes, el crecimiento personal, la capacidad de autocrítica, la empatía, bla bla bla. Vale que Belén no resulta estéticamente agradable de ver, ni de escuchar, ni siquiera de tenerla echándose la siesta en el sofá de al lado, pero es indudable que es el alma del reality. Llevamos, y me incluyo, matándola en persona y personaje desde que salió escaldada de Ambiciones, y ahí sigue la tía. Ni las Campanarios, ni la ruta del bakalao, ni el Defensor del Menor han logrado amilanar el fenómeno Belén, experto en reinventarse en cuerpo y alma una y otra vez. Podría decir que Belén es tan cateta y primaria, que resulta maravillosa y la terminas queriendo. Escucharla hablar de Jesulín, de la Mariví o de los diez euros la hora que cobran las chicas de servicio en Paracuellos del Jarama, reúne cada semana a millones de espectadores frente al televisor, y la plana mayor de Mediaset es incapaz de frenar algo que llena sus arcas por segundo. Ni siquiera la campaña en detrimento que capitanean sus compañeros de Sálvame es suficiente para que los súbditos de la princesa le den la espalda y se dejen los duros por colocarla en el podium, de dónde terminará saliendo con el maletín en la mano y rumbo a Benidorm, porque está agotada de la tele, dice ella. ¡Angelito! Y lo que te rondaré, morena. De Belén en Guadalix paso a los Pantoja, esa familia que no nos quitamos de encima ni con agua caliente y que también dan con los huesos en cualquier foso con una cámara hacia su persona. Con la matriarca en prisión, sus polluelos se han propuesto hacer caja y pagar pufos sin miramientos. Si Kiko ha bajado el ritmo de vida y pincha discos por un plato de lentejas, su querida prima, aspirante a tonadillera, se despelota a lo 50 Sombras en una revista y habla sin tapujos de sus artes amatorias de una forma tan soez, que ni la mismísima Esteban con el azúcar por las nubes. Para elegante ya está Chabelita, la eterna it girl cantoril afincada en Notting Hill, que entre clases de inglés y horas de zumba, se deja caer por Madrid para ultimar la letra pequeña de un contrato que la llevará a Honduras a pasar penurias, pasear biquini y deleitar a su país con su desparpajo y don de palabra. Qué poco han aprendido de la Pantoja. Lo bueno de que esté de vuelta más pronto que tarde, es que nos quitaremos un poquito de en medio a toda la generación de paquirrines. Dios me oiga. Hasta pronto, queridos míos.

17 febrero 2015

LA RESACA DE VALENTINO Y LA OMNIPRESENTE NIEVES

Escurrir el bulto unos días y que te pille el toro, es todo uno. En ésas me encuentro frente a la hoja en blanco y el bloc de notas a rebosar de apuntes en vías de desarrollo para compartir con los osados que continúen dejándose caer por esta bacanal de impresiones. La semana ha dado para mucho y la cuesta de enero ha retornado en un sin parar de shows a todos los niveles. La moda española lo dio todo en las fashion weeks; hablo en plural porque lo que algunos seguimos llamando Cibeles, cuenta desde hace años con un duro competidor al otro lado de la capital. La MFSHOW se postula como la alternativa perfecta a la Mercedes Benz, y la crítica así lo hace saber.  Y si sirve de algo, un servidor también. Tras empalmar una con otra y otra con una, es un gesto de honestidad admitir que la minoritaria se come a Ifema con patatas y ali oli, dando cabida a profesionales más allá de los clásicos cibelinos y en un entorno privilegiado con toque internacional. Todo lo contrario al garaje con luces que capitanean Cuca Solana y cía desde que la propia Cuca vino al mundo. Para intentar sintetizar, destaco las propuestas de Marcos Luengo en la Sala de los Cristales del Palacio de Cibeles; asturiano de pro y con talento a raudales. Por partida doble y con ambiente bucólico, se llevaron el premio a la mejor colección de esta edición los chicos Alvarno, un par de mozos que ya quisieran los Dolce & Gabbana. El front row, pobre, todo hay que decirlo. Sin desmerecer a las dueñas de los pompis que ocuparon la primera fila, hay que recordar, así sin acritud, que las grandes estrellas del cuché patrio declinaron la invitación, de la misma manera que, como viene siendo habitual, hiciesen primeras figuras de la política, la sociedad o la realeza. Mismamente Letizia, que se mimetiza con la plebe para irse de mojitos por Malasaña, pero le cuesta un triunfo arrimar el hombro cuando se trata de apoyar la causa fashionista de su país. La que, por otra parte, se desvanece sin visos de remontar casi tanto como en otro tiempo la industria del cine. Los Reyes tampoco pasearon palmito por los Goya, ni falta que hizo. En esta ocasión, el pueblo se volcó con los actores y la gala arrasó en audiencia. Dani Rovira se lució y los días posteriores no se hablaba de otra cosa; que si el beso de Rovira-Lago, que si el desgreñe de Penélope, que si la omnipresencia de Nieves Álvarez en todo sarao que se precie. Sí, aquí me detengo. Nieves me trae de cabeza desde hace tiempo y ya no me puedo reprimir más. Sin quitarle méritos a la chica, que es mona y ha triunfado fuera de nuestras fronteras (detesto esta expresión pero ahora mismo no encuentro otra), la pobre está sobreexpuesta de un tiempo a esta parte y quizá no le haya dicho nadie que eso pasa factura. Álvarez se ha intentado reconvertir en presentadora pasado el arroz de las pasarelas (qué profesión tan cruel), pero lo de arrastrar los morros y el esternón hasta cualquier alfombra roja ya se las trae. Nunca lo hace sola, para más inri. La tía lleva en el cogote al italiano que tiene por marido y que jamás hemos oído pronunciarse. Los rumores de crisis los salpican cada dos por tres, pero ellos posan mirando al infinito y santas pascuas. Tampoco se apearon de la semana fantástica de los Valentinos. Los he dejado como traca final porque se lo han ganado. El diseñador y su socio/pareja/expareja (hay opiniones para todos los gustos) volaron a España en business y con un séquito de mayordomos y animales de compañía. Aquí les esperaba lo mejor de cada casa para dejarse el bronceado y los higadillos en un porrón de cenas, fiestas flamencas y demás jaranas con Naty Abascal como maestra de ceremonias. Otra cosa no, pero Naty es la mejor anfitriona que ha parido este país, y la única capaz de convocar a socialités, actrices de nueva hornada, matrimonios de conveniencia y ricas de cuna como las Segrelles. Desde entonces, no se ha vuelto a saber de ninguno. Para contrarrestar, yo me he dado de bruces con Elena Tablada y su cuchipandi en el interior de Válgame Dios, el garito que regenta Raquel Meroño en pleno Chueca. Alrededor de la mesa charlaban la propia Tablada, Raquel Rodríguez y otras tantas guapas de oficio que no recuerdo el nombre. No estaban María José Suárez ni Eva González, fieles al local, pero sí una Arancha de Benito desbocada a pie de barra y compartiendo con los presentes que su última relación tan pronto va como viene. Me costó reconocerla entre tanto maromo, pero su voz es inconfundible. Quién sabe si por allí andaba el pequeño Nicolás marcándose un simpa a la vera de Mariló, su nueva mejor amiga. ¡Si es que ya no queda gente honrada como la Esteban!

09 febrero 2015

TOSCANA, LA ÓPTICA DE LAS CELEBRITIES

Visito la óptica predilecta de las celebrities, Óptica Toscana (Hortaleza, 70). En pleno corazón de la capital y con más de veinte años de experiencia a sus espaldas, un equipo de ópticos optometristas trabajan día a día para ofrecer el mejor servicio en visión. El local es un espacio acogedor que mantiene el espíritu del antiguo almacén de semillas que fue en el Madrid más castizo. Encontrarás modelos de gafas diferentes, con un toque vintage que las hace únicas. Anne et Valentín, Mykita, Moscot o Cutler and Gross son sólo algunos de los diseñadores más revolucionarios que dan vida a Toscana en un universo donde conviven a la perfección genios consagrados y noveles. También puedes visitar sus otros dos puntos de venta: Ayala, 34 (Madrid) y Provença, 247 (Barcelona). 
















03 febrero 2015

EL PARTO DE LA BURRA Y LA PATALETA DE GENOVEVA


Viernes. Acaba de asomar la cabeza al mundo y ya me tiene frito. Hablo de Sasha (Sasssha cuando llevas fundas de porcelana), el retoño de Shakira y Piqué. Vale que la criatura está libre de toda culpa, pero el despliegue informativo en torno al parto es, como poco, desproporcionado, o fruto de la sequía informativa. Las principales agencias de comunicación del país hacían noche al frente de la clínica Teknon de Barcelona para cubrir al detalle el ingreso de la cantante, que habilitaba una planta a capricho para darle glamour al tema. Familiares, amigos y demás acólitos de la de Barranquilla perdían el culo por participar en el acontecimiento, capitaneado (por exigencia de la pareja) por un equipo médico formado única y exclusivamente por mujeres, y con contrato de confidencialidad por delante. Como sucedió en el nacimiento de Milan, en el alumbramiento de Shakira no había lugar para varones, a excepción del futbolista y de un reputado cirujano plástico que llevaría a cabo la ardua tarea de borrar cualquier estrago propio de una cesárea. Si la chica sigue procreando bajo el mismo protocolo, acabará con el pellejo hecho polvo. Cosas de divas.

Sábado. El tiempo invita a hibernar y tragarse clásicos de Almodóvar a mansalva, pero para un día que A., E. y servidor cuadramos agenda y ganas de fiesta no hay excusa para causar baja. O sí. A. nos da plantón con la excusa de que la siesta se le ha ido de las manos, así que alargamos los postres para hacer tiempo. Pasada la hora de Cenicienta, hace la entrada en el restaurante. Reparte besos con ojillos de Aquí no ha pasado nada, y además aporta dos elementos más a la causa (Y. y C.). Motivo más que suficiente para concederle el indulto y lanzarnos a los brindis. La noche fluye y los temas a debatir se multiplican. En medio del jaleo, E. suelta el titular de la noche a media voz: “Estoy pensando en retocarme la punta de la nariz y ponérmela más europea”. Se hace el silencio hasta que Y. rompe el hielo provocando la carcajada general: “¡Es muy fuerte que hasta de esto responsabilices a los europeos!”.

Domingo. Vuelvo a la vida tras una cura de sueño y hago un barrido por las noticias. Mientras las redes arden en comentarios por la transformación que sufre el stand madrileño de Fitur (pasó en cuestión de horas de un arco iris pro-gay a un mausoleo gris y mustio), los fans de GH VIP se arrancan los padrastros a jirones con la salida voluntaria de Paquirrín. Como viene haciendo cada vez que da con las carnes en un reality, Kiko abandonaba por la puerta de atrás el concurso y se explayaba en plató contra sus antiguos compañeros de la casa. Dicen los que lo conocen, que el hijo de la Pantoja es bonachón y poco amigo de conflictos, pero se suicida mediáticamente cada vez que hace alarde de ideas reaccionarias más propias de un analfabeto funcional que de un señorito andaluz que fue criado entre algodones e internados sólo aptos para bolsillos pudientes. Al final va a ser cierto que la más abierta que habita en Cantora es la propia tonadillera. Qué pena que se guarde tantas cosas en la bata de cola.

Lunes. Nada ha vuelto a ser lo mismo entre los Alba después de la muerte de la duquesa. Sus hijos se desparraman por separado y el viudo ya galopa en otras tierras fuera de palacio. El buen rollo entre Cayetano y Genoveva también ha desaparecido desde que el jinete le plantease a su exmujer rebajar los gastos que viene asumiendo desde el divorcio. Según cuenta LOC, Cayetano desembolsa más de doscientos mil euros al año en concepto de manutención, gastos de internado inglés y alquiler de un piso en el Paseo Pintor Rosales. La mexicana que un día entroncó con los Vargas Llosa y que se ocupó de representar a la Fundación Alba, montaría en cólera con la proposición respondiendo a la petición vía Burofax. Aseguran sus íntimos que la mexicana no estaría dispuesta a apretarse el cinturón ni a dejar de ayudar a los suyos. Siempre le quedará tirar de la cuenta de Michavila. En peores plazas ha toreado.