Martes.
Mi corazón
recupera su ritmo habitual y me reconforta observar que el frío invierno es
directamente proporcional al festival de apareamiento entre famosos patrios.
Las parejas de la temporada se suceden a un ritmo vertiginoso y aportan savia
nueva a esto del colorín. Lo celebro, que no sólo de tronistas vive el hombre. Para no perder la costumbre, Álex González vuelve a las
portadas en forma de morreo en el interior de un coche. El clásico apretón que
hizo famoso la Obregón en brazos de Micky Molina parece ser el ritual de
seducción favorito por este guapo entre guapos, que semana sí, semana también,
se deja succionar por rubias, morenas y pelirrojas al amanecer. Casualmente, el
paparazzo de turno siempre capta la instantánea y, para deleite de los que
amamos la carnaza, ponemos la lupa en la presa del momento. Si hace unas
semanas fue Alyson, la americana que curró a la vera de Rociíto, hoy le toca a
Amaya Méndez, responsable de los abdominales de Rosa de España entre otras. La
chica aprovecha el tirón para promocionarse como personal trainer en las redes mientras el actor menea el chascarrillo
con arte y le quita hierro al asunto. Nunca le agradeceremos lo suficiente a
Chenoa el hecho de sacar a esta criatura del cascarón.
Miércoles.
Más allá de
amantes de ocasión, hay otros muchos que se revelan como la pareja del momento.
El tema está que arde y el binomio chica mona-deportista se repite una y otra
vez como parte de la Marca España. Lara Álvarez y Fernando Alonso son la viva
estampa de la felicidad y ya no ocultan su relación. Un hito en la trayectoria
sentimental del piloto asturiano, acostumbrado a rehuir a la prensa y mantener
atrincheradas a sus mujeres. Entre fogones se hacen selfies Cristina Pedroche y
David Muñoz, reina del Trending Topic ella por dar las campanadas en bragas, y chef
de postín él con varias estrellas Michelin a la espalda. No todo iba a ser
amor. Cristiano Ronaldo y la top Irina Shayk ya buscan calor humano por
separado y todo apunta a que la ruptura viene motivada por terceras y hasta cuartas
personas. Una separación, de momento, más civilizada que el divorcio de
Patricia Conde, que se recrudece en los tribunales y que nos deja a la
presentadora corriendo como las locas y con peluca. A esta chica le va la
marcha. Debería de aprender un poco de la Campos y Bigote. La experiencia es un
grado.
Jueves.
Comparto mesa y
mantel en La Musa de Malasaña con L. y V. La ocasión lo merece, L. nos deja
para instalarse en París y tenemos hambre de titulares. La atiborramos a
preguntas sobre su futuro más inmediato y la pobre aguanta los envites
fingiendo tranquilidad. La veo feliz ante lo desconocido y eso es lo que importa.
Prometemos visitarla pronto y cuando llegan los postres, cambiamos de tema y V.
nos pone al día sobre el matrimonio (braguetazo para algunos) de Vega, una
extriunfita que un día se tiñó el pelo de azul a lo Lucía Bosé. V. es la única
persona que conozco que no tiene ni idea de quién es Chabelita, por eso lo que
nos cuenta va a misa. Yo no había reparado en el asunto, pero me vengo arriba
al saber que la chica (Vega) se ha casado con uno de los tiburones de Estrella
Galicia, divorciado y padre de familia numerosa. Inmediatamente nos lanzamos a googlear al susodicho esperando
encontrarnos a un madurito interesantón de los que se suele ligar Terelu, pero
va a ser que no. El tipo es del montón. No se puede tener todo en esta vida.
Viernes.
Resaca de GH VIP.
La casa de Guadalix se cobra una nueva víctima, Olvido Hormigos. Las campañas
de apoyo que defendían un bullying en toda regla contra la exconcejala no han
sido suficiente en su careo con los belenistas.
La rubia salía por patas del concurso y la Esteban daba las gracias a España
por cumplir su deseo al grito de “Si me
queréis, echadla”. Belén ejerce de Faraona y se pasa todo por el arco del
triunfo, pero su lista de palmeros pierde adeptos a un ritmo brutal. El mismo pueblo
que la coronó como su princesa, se lamenta de la actitud de la de San Blas
entre esas cuatro paredes. Ciclotímica, machista, sectaria, falsa y hasta
pandillera son algunos de los calificativos que se echará a los morros Belén
cuando devuelva el tafanario a su cortijo. El horizonte se avecina con nubarrones
y quizá la estancia vip termine arranándole
a jirones la corona. Nadie dijo que ser princesa fuera fácil.
